Diario de León

OPINIÓN Agustín Jiménez

Serán ingratos...

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Los iraquíes están demostrando su mala fe disparando contra los expedicionarios. Desde el inicio de su marcha, los angloamericanos (próximamente, en cuanto llegue a puerto, apoyados por el destacamento humanitario del Reino de España) se atuvieron estrictamente a la estrategia Gila: «¿Es el enemigo? Que no disparen que los vamos a liberar». Pero ¡ay!, un enemigo subdesarrollado no respeta las normas más elementales. No comprenden el inglés. Si los coaligados revientan una casa de ladrillos, es para reconstruirla en condiciones. Si dejan manco a un niño es, simplemente, para que de mayor no se convierta en torturador. Si arrancan la cabeza a una niña, es para evitar que Sadam la haga víctima de un lavado de cerebro. Para cualquiera será, en fin, patente que la generosa operación de distribución de paquetes de donuts que están desarrollando no sería tan vistosa si a los destinatarios no se les hubiera hecho pasar un poco de hambre durante unos años. Cada uno debe desempeñar su papel. Por generosidad, los misioneros esos han alcanzado extremos de abnegación indecibles. Han canonizado los métodos de Bin Laden porque nobleza obliga reconocer a los pioneros. Han introducido la censura en sus medios democráticos para no darles ventajas y para que la gente ya no crea a la CNN y sólo se fíe de Al-Yazira, con lo que ello supone de promoción de la conciencia árabe. Han llegado a hacerse fotos con Aznar y casi han conseguido aprenderse su nombre. Aznar ha declarado -ya saben ustedes cómo es, tiene el don de introducir una perspectiva risueña en los asuntos de mayor calado- que las fuerzas invadientes son las «mayores democracias del mundo». Es un problema de talla que la gente, empezando por los iraquíes, estén propalando que un Bush o un Rumsfeld son parte de la chusma que protege, o no protege, la capa del ozono. Ingratitud: ¡arma de destrucción masiva! No son sólo los iraquíes. Los españoles -puestas en saco pasado las tropelías de Roldán, que quebró la unidad de España antes de que Mayor Oreja restañara los trozos con su proverbial moderación- están llamando cosas feas a los populares, y eso es muy grave. No han comprendido que un gobierno con convicciones tiene la obligación democrática de tirar bombas

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