OPINIÓN Fernando Jáuregui
El cáncer de la guerra
Hubo una vez un dirigente, en este caso socialista, que dijo que la ministra de Exteriores podía haberse visto afectada en sus facultades mentales por haber sufrido cáncer. Hubo una vez un presidente autonómico, esta vez del PP, que llegó a afirmar que los muertos en la guerra de Irak son, al fin y al cabo, menos numerosos que los que se producen en un año por accidentes de tráfico en EE.UU. Notables casos de barbaridad, humana y política, de los que supongo que sus autores se habrán ya arrepentido. No públicamente, claro, porque aquí nadie hace autocrítica abiertamente, y menos cuando de políticos se trata. Pienso que el verdadero cáncer colateral a una guerra es, inmediatamente después de las víctimas, que a todos altera los nervios, conduciéndolos al desatino. Ya se sabe que cuando los dioses quieren perder a un ser humano, primero lo ciegan (el intelecto, claro). Y, así, los unos ofrecen al escarnio público unas listas de manifestantes contrarios casi culpándolos, por el mero hecho de manifestarse, de lapidadores; los otros llaman «asesinos» a quienes se han alineado con las posiciones del Gobierno; y el de más allá dice que la situación de acoso a las sedes y candidatos del PP empieza a ser comparable con la de la Alemania de Hitler. Esto último, claro, tiene una especial relevancia por cuanto ha sido dicho nada menos que por el propio presidente del Gobierno, señor Aznar, que es quien más debería contribuir a descrispar los ánimos. Muchas veces he repetido mi desacuerdo personal con la política de seguidismo del presidente Bush. Pero también creo que he de hacer constar mi respeto a la apuesta arriesgada de Aznar. De ninguna manera pienso que quienes, desde los escaños del PP, han seguido a su líder pueden ser llamados «asesinos» en las manifestaciones. De la misma manera que me parece desaforado hablar de un «frente social-comunista» que sería la mano oculta para explicar algunos excesos callejeros en las manifestaciones antigubernamentales, excesos más propios del cojo Manteca que de universitarios preocupados por la marcha de su país y del mundo. No: el frentismo, con el que se quiere evocar acaso el clima existente en España en 1932, no existe. Y bien lo sabe el señor Arenas cuando, excesivamente a mi entender, lo invoca. Otra cosa es que haya energúmenos que rompen farolas, insultan a personas respetables por tener unas ideas distintas o, el colmo de los colmos, tiran cócteles molotov contra sedes de partidos, como le ocurrió al PP en Galicia hace no muchas horas.