Diario de León

«Siria no reconocerá un gobierno de neocolonialismo en Irak» Mohsen Bilal (embajador de Siria en España)

Sólo una amenaza para su pueblo

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Juan Oliver Redacción - LEÓN.
León

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Sadam era un sangriento dictador por el que nadie derramará una lágrima, pero derrocarlo ha costado centenares, quizá miles, de vidas inocentes. Antes de la guerra, EE.UU. justificaba el conflicto, y la previsible muerte de civiles que ocasionaría, alegando que Irak se burlaba de la ONU, tenía armas de destrucción masiva, colaboraba con el terrorismo internacional y era una amenaza para Oriente Medio y para el resto del mundo porque su ejército, pese a la guerra de 1991 y los doce años de embargo, seguía siendo poderoso. Sin embargo, y a medida que se consolidaba la invasión, las evidencias sobre el terreno consolidaron las dudas sobre la veracidad de esos argumentos. Han muerto miles de iraquíes, cientos de niños han sido heridos o mutilados y el dictador, por lo que parece, sigue vivo. Pero los pozos de petróleo ya se encuentran bajo vigilancia de los marines. 1.¿Dónde están las armas de destrucción masiva? Gas mostaza, agentes nerviosos, ántrax, botulismo, viruela... Se suponía que Sadam disponía de un inmenso arsenal de armas sucias, pero lo más parecido que se ha encontrado hasta ahora son los abonos químicos de una granja para pollos, que los británicos confundieron en un primer momento con armas tóxicas. Ni rastro de los gases letales que el dictador utilizó en los ochenta contra los kurdos, ni tampoco el más mínimo vestigio de un programa nuclear. No es extraño. En un informe del Departamento de Estado, redactado poco antes de la guerra, EE.UU. duda de la capacidad química y biológica de Irak y reconoce que, como mucho, Sadam podría disponer de elementos radioactivos, robados en los hospitales de Kuwait en 1991, que en ningún caso servirían para fabricar bombas atómicas. Según el informe, la mayoría de las instalaciones nucleares fueron destruidas por los bombardeos de 1991, y las que resistieron fueron desmanteladas antes de 1994 por los inspectores de la ONU. 2.¿Hay pruebas de la colaboración de Sadam con grupos terroristas? EE.UU. ha reconocido que, antes de la guerra, manipuló documentos para probar la supuesta relación entre Osama Bin Laden y Sadam Huseín. Hasta hoy, la única relación de Irak con el terrorismo fue una llamada a la guerra santa, que contestaron 5.000 musulmanes dispuestos a convertirse en bombas humanas contra las tropas invasoras. Sólo hubo tres atentados suicidas. 3.¿Qué fue de la Guardia Republicana? Resulta difícil entender que, si el Ejército de Sadam era tan letal como se creía, sufriera miles de bajas mientras sólo era capaz de matar a unas cuantas decenas de enemigos -el 30% de los soldados aliados caídos en combate perecieron en accidente o por errores de fuego de sus propios compañeros-. La Guardia Republicana Especial, el cuerpo de elite que se suponía iba a convertir en carnicería la ocupación de Bagdad, apenas ofreció resistencia a la conquista. Los temidos fedayines, más que como fanáticos entrenados para morir por el dictador, se comportaron como paramilitares mal pertrechados, prestos a rendirse ante la abrumadora superioridad aliada. 4.¿Sirvió de algo la labor de los inspectores de la ONU? Como reconoce el propio jefe de inspectores, Hans Blix, su labor en Irak permitió a EE.UU. justificar la guerra, a su juicio innecesaria si de lo que se trataba era de asegurar el cumplimiento de las resoluciones de la ONU en términos razonables. El inventario que los inspectores realizaron sobre el armamento iraquí proporcionó, a la postre, valiosa información a los enemigos de Sadam, y la ONU incluso consiguió que Irak destruyera algunos de sus misiles de alcance medio -180 kilómetros-. Fue pocas semanas antes de que lloviesen sobre Bagdad Tomahawks lanzados a miles de kilómetros de distancia.

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