'Es un deber democrático y hay que aceptarlo'

El sistema electoral consagrado en la Constitución obliga a que en las mesas electorales haya un presidente que salvaguarde la validez de los votos. En Huerga de Garaballes la garante de esta legalidad será María Victoria Vecillas, que espera que, pese a ser «la primera vez» y que va «totalmente a ciegas, sin saber bien cual es su cometido», la experiencia como votante en otras elecciones le ayude a «hacer bien un trabajo que no parece complicado». La labor tampoco exige ningún conocimiento suplementario ni preparación especial, aunque la repetición ritual de la aprobación de los votos puede conseguir que por la noche se sueñe «con la cantinela de fulanito de tal, votó». El dedo virtual del sorteo informático establece quienes deben estar presentes en estas mesas, ya sea como presidentes o vocales. La carta del Ministerio del Interior cita con carácter de obligatoriedad y apercibe de las sanciones civiles que se derivarán de la incomparecencia. En este momento, la primera idea de la mayor parte de personas es «pensar como puede escaquearse uno de la responsabilidad de estar más de doce horas de guardia en una mesa electoral», aunque Maria Victoria asegura que posteriormente se acepta que «es un deber como ciudadano inserto en un sistema democrático». La familiaridad de los núcleos de población reducidos, como es el caso de Huerga de Garaballes, donde el censo electoral no supera los 300 votantes, ofrece la posibilidad de que la costumbre permita que «la mayor parte de los vecinos de la pedanía voten a la salida de la misa, como han hecho siempre, y así la tarde sea mucho más tranquila». Otra de las especificidades con respecto a poblaciones de mayor calibre es que «la gente no vota a las siglas sino que piensa mucho más en la persona que encabeza la lista y en quienes lo acompañan». En cualquier caso, ella estará allí para dar o no el voto por válido.