Diario de León

Zapatero proclama que los resultados son un buen comienzo para los próximo comicios Aznar mantendrá la política del Gobierno y del PP hasta las elecciones generales del 2004

La noche en que todos perdieron

Aznar abraza a Ruiz-Gallardón en el balcón de la sede nacional del PP

Aznar abraza a Ruiz-Gallardón en el balcón de la sede nacional del PP

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Magis Iglesias/M. Suárez Especial para MADRID.
León

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Todos dijeron haber ganado, pero analizando los resultados, todos perdieron algo. PP, ¿sin fracaso? «Fantástico» fue el calificativo utilizado por un portavoz del Gobierno para definir el resultado de las elecciones municipales. José María Aznar recibe el respaldo para mantener la política del Gobierno y el control del PP hasta las elecciones generales. «El que algunos creían que iban a borrar del mapa hoy sigue siendo el gran partido de siempre», proclamó el presidente del Gobierno desde el balcón de la sede de su partido y ante un enfervorecido público que le aclamaba. Acompañado de los candidatos a la alcaldía y la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre; el secretario general, Javier Arenas, y el director de la campaña electoral, Pío García Escudero, Aznar hizo la tradicional comparecencia de todas las noches electorales en las que su partido cosechó un triunfo. Lejos de apreciar un castigo del electorado por su implicación en la guerra de Irak, la actitud del Gobierno en la crisis del Prestige o el decretazo, el PP cree que el electorado ha avalado la gestión gubernamental con su voto en los comicios del 25 de mayo. «Es un fracaso de la izquierda», señaló un dirigente popular que no se acababa de creerse los resultados que cada vez confirmaban más mayoría para el PP, a medida que avanzaba la noche. «Hemos perdido muy poquito», admitían. Al final, el balance era muy optimista, sobre todo por las previsiones más nefastas que hizo el partido del Gobierno en los últimos meses, cuando con la guerra de Irak llegó a perder hasta 18 puntos en intención de voto, según sus expertos. El resultado del domingo les supo a revancha a los populares, que midieron en términos de fracaso el mantenimiento del voto en las ciudades y el empate técnico con la izquierda en el cómputo global del PSOE. «Lo de ir a la calle y con la pancarta no parece que les sirva», señalaron fuentes gubernamentales, que confirmaron la satisfacción del jefe del Ejecutivo por el respaldo recibido en las urnas. Muchos dirigentes del PP recordaron esta noche los amargos meses pasados, bajo la presión de la oposición y la movilización de los sectores contrarios a la guerra. «Estuvimos tres meses sin poder hacer campaña», recordaban seguros de haber superado la prueba que, hace apenas, unas semanas, les parecía casi insuperable. Incluso, a primera hora de la noche, en la sede de la calle Génova había un ambiente muy alejado de cualquier euforia. «Hay que reconocer que las israelitas eran inquietantes», comentaban en los pasillos que empezaron a frecuentar los altos cargos con datos del escrutinio muy adelantado. Con casi todos los datos de las elecciones municipales en la mano, la mayoría absoluta de Baleares y la Comunidad de Madrid en cerrada disputa, Aznar interpretó los resultados como un aval a su política. «Nuestro proyecto centrado de reforma y modernización de España está más fuerte y más vigoroso que nunca», dijo en la cornisa de la sede central del PP. En el partido del Gobierno no hay duda alguna de que Aznar ha logrado consolidar su poder en el partido, tras comprobar que ha sido capaz de conservar el voto aún en las peores condiciones. «Este resultado significa que hemos logrado movilizar el electorado de las generales que sigue con nosotros». Las elecciones significan un respaldo sin paliativos para que el presidente del Gobierno se mantenga en sus tesis. La sucesión se hará en otoño, tal y como estaba previsto. PSOE, sólo optimismo De la sonrisa eufórica al optimismo contenido. El PSOE recibió los resultados de las elecciones municipales del 25 de mayo con la alegría de haberse convertido, por primera vez en los últimos diez años, en el partido político más votado. Un balance insuficiente para un partido que se había marcado altas expectativas y pretendía hacerse con la joya de la corona -la capital de España- como símbolo de su desembarco en La Moncloa en 2004. «Este es un buen comienzo pensando en 2004, que va a ser nuestro trabajo a partir de mañana». Este fue el análisis que, con gesto serio, José Luis Rodríguez Zapatero hizo del resultado de las primeras elecciones de ámbito nacional a las que se presentó el PSOE desde que él asumió las riendas del partido. El líder de los socialistas se centró en el resultado cuantitativo de votos y destacó que el PSOE había logrado un «récord histórico» al conseguir gobernar a 18 millones de españoles, mientras que el PP gobernaría a 12 millones, si los resultados provisionales se mantienen. Zapatero destacó que, en relación a las últimas generales, su partido habría recuperado los diez puntos que le separaron del PP y que, incluso, lo ha superado. No estaba previsto, pero, tal vez para no dar la sensación de haber perdido, el número uno del partido salió a la palestra en Ferraz a las doce y media de la noche para agradecer a los pocos militantes, simpatizantes y candidatos que allí quedaban su entrega y el haber hecho «una campaña ejemplarmente limpia». En la sede del partido la tristeza se iba apoderando del ambiente que horas antes era de gritos y aplausos. Y es que, a pesar de su recuperación y de haber conseguido el gran objetivo de ser el partido más votado, los socialistas se habían puesto una meta demasiado alta y pecaron de optimismo anticipado. Las enormes esperanzas que el nuevo equipo del PSOE, y sobre todo su secretario general, había puesto en la alcaldía de Madrid amargó la noche a la dirección, que vio cómo Trinidad Jiménez salía con lágrimas en los ojos a la palestra después de comprobar cómo Alberto Ruíz-Gallardón conseguía un resultado apabullante. Aunque les supo a poco, lo cierto es que el ambiente en Ferraz nada tenía que ver con las caras de funeral de los anteriores comicios de 2000, cuando el partido sufrió su mayor descalabro y Joaquín Almunia presentó su dimisión. Esta vez, los militantes asistían al nacimiento de un nuevo PSOE que abre la puerta a la esperanza para el «cambio» Zapatero se ha empeñado en encarnar y convertir en una victoria en 2004. Una victoria que ya no parece tan cercana. IU, satisfacción «Hemos rebasado nuestras expectativas», afirmó un Gaspar Llamazares exultante y con corbata -nada habitual en él- tras conocer los resultados de su partido. Esas expectativas pasaban, explicó, por incrementar el número de votos y de concejales con respecto a las municipales y autonómicas de 1999. IU y sus coaligados lo han conseguido: han pasado del 6,5 al 8 por ciento en número de votos en toda España. Según aseguró uno de sus líderes, ese incremento supone unos 500.000 votos más. Lo que no dijo Llamazares es que este resultado, en parte, tiene truco. Es fruto de la recomposición de sus alianzas.

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