OPINIÓN Esther Esteban
Tras la contienda ...sucesión
Ha pasado el día «D» y, como era de esperar, todos se autoproclaman ganadores de la contienda. Es la vieja historia de la botella medio llena o medio vacía. Unos, los populares, no sólo han salvado la cara sino que, pese al nubarrón de la Asamblea de Madrid, tienen muchos motivos para la alegría. Se diga lo que se diga al final ni el polémico «decretazo», ni el Prestige, ni la guerra les han pasado factura. Aznar, el verdadero artífice de esta campaña, ha salido reforzado y junto a él otros destacados dirigentes como Ruiz-Gallardón o Zaplana que tendrán mucho que decir sobre la carrera de la sucesión. La misma noche de las elecciones fui testigo de una interesante conversación entre dos anónimos simpatizantes del PP que se encontraban en la celebración de la calle Génova. Cuando José María Aznar salió al balcón entre los aplausos y los gritos de «No te vayas», uno de ellos le dijo al otro. «No te engañes, el que ha ganado las elecciones es Gallardón. Ha conseguido los votos de la derecha, el centro y parte de la izquierda mas moderada y eso le convertiría en ganador de unas elecciones generales. Yo no tendría dudas: el alcalde de Madrid sería el elegido». Su interlocutor asentía con la cabeza y, a partir de ahí, ambos desarrollaron una autentica tesis política sobre las ventajas y los inconvenientes de los históricos sucesores, Rato, Rajoy o Mayor Oreja. Curiosamente al día siguiente algunos analistas políticos de nuestro país hacían en las tertulias lecturas similares. En cuanto al PSOE, es cierto que Zapatero ha conseguido ganar las elecciones por 200.000 votos pero sus resultados se alejan mucho de sus deseos iniciales de provocar un cambio de tendencia. No ha conseguido como pretendía dibujarse como una alternativa clara y nítida frente al Gobierno popular. Por el contrario, dentro del partido del puño y la rosa, si hay un ganador claro ese es José Bono, que ha logrado superarse a sí mismo en su feudo manchego añadiendo a su amplio espectro de votantes la izquierda, el centro y parte del centro derecha. Con el estigma del ganador, amplia también su influencia dentro del partido y aunque, de momento, reafirma su lealtad incondicional a Rodriguez Zapatero si finalmente vinieran mal dadas su nombre ni puede ni debe descartarse como alternativa para unas elecciones generales si en el 2004 los socialistas no consiguen llegar a ser los inquilinos de La Moncloa. Concluido el tiempo electoral llega ahora inevitablemente el tiempo de la sucesión y en ese sentido todas las hipótesis continúan abiertas.