Diario de León

| Entrevista | Eloína Mayo |

«Necesito este servicio y no me quito nada de comer»

Eloina Mayo, sentada en su casa del barrio de San Mamés

Eloina Mayo, sentada en su casa del barrio de San Mamés

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Eloina Mayo es una de las usuarias más antiguas del servicio de teleasistencia en León. «No tengo palabras para decir lo bien que se están portando conmigo», dice emocionada esta mujer que, con apenas 39 kilos de peso, ya ha perdido la cuenta de las veces que ha tenido que pulsar el botón del medallón para pedir ayuda. Esta tarde lo hace sólo para explicar cómo funciona el teléfono; después de activar el medallón, el teléfono realiza una conexión que dura unos 20 segundos. «Teleasistencia Cruz Roja Castilla y León», contesta una voz femenina. «Le atiende Eva. Buenas tardes Eloina, ¿qué tal está?». La técnico de Cruz Roja explica que se trata de una llamada de demostración. «El 3 de octubre me llaman». Lo sabe porque todos los años es una de las primeras llamadas que recibe para felicitarle el cumpleaños. «Lo tienen todo apuntado», agrega asombrada, después de seis años, del seguimiento que se realiza de cada caso. El servicio realiza llamadas rutinarias a todos los usuarios una vez al mes, pero también se programan agendas especiales ante situaciones extraordinarias como convalecencias y pérdida de familiares y en general «en todas las situaciones que implican un decaimiento emocional». Seis años protegida Eloina tiene 74 años, está viuda y apenas tiene familia en León. El fallecimiento de su hermano, hace dos años, todavía le afecta y la ha recluido más en casa. Por su enfermedad crónica es considerada una usuaria de riesgo. «¡Ay si lo he tenido que usar», exclama. Pero sobre todo se acuerda de hace dos años: «Me encontraba muy mal y fui al baño, pero ya no pude volver a la cama, me quedé en el suelo». Unos minutos después de pulsar el medallón se vio en una ambulancia y ya todos los demás recuerdos se le confunden. Tras una complicada operación, estuvo en coma varias semanas y hospitalizada durante un año. Ingresó como beneficiaria del servicio en 1997 después de una operación tras hacer una petición en el Ayuntamiento de León, que es el titular del servicio. Ha conocido la etapa en que el servicio era gratuito y la entrada en vigor de una tasa. Cobra una pensión mínima pero «lo necesito y por lo que me cobran no me quito de comer nada», precisa. El medallón se cuelga al cuello, pero ella ha ideado un sistema con un imperdible para evitar el roce de la cuerda sobre la cicatriz de su operación. «No me encuentran nunca sin él», advierte. Los técnicos de teleasistencia aconsejan que duerman e incluso se bañen con el aparato.

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