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Naufragio laboral del pujolismo

Los datos de las encuestas apuntan a un final muy reñido en las elecciones catalanas del próximo domingo, una cuestión empañada esta semana por el compromiso real

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Manuel Campo Vidal - madrid
León

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Es un fin de época. Termina un cuarto de siglo de ocupación del poder autonómico sin fisuras y, si el domingo se -confirma el cambio, los botes de salvamento llenos a rebosar de náufragos laborales quedarán a merced del oleaje del mercado. Todo cambio de régimen trae esa tragedia y por eso los esfuerzos por evitarlo tensan los comportamientos e histerizan las declaraciones. En conversación con Diario de León sobre este asunto estima Carod Rovira, el líder de la decisiva Esquerra Republicana, que, a la vista de las encuestas, todas las combinaciones de gobierno son válidas incluida una coalición socialistas-convergentes. Cuando se le objeta que eso significaría que apenas hay cambio, este dirigente, gran productor de frases periodísticas, replica: «Mire, hay planes de salvación nacional y planes de salvación laboral de alto standing. No lo olvide». No hay peligro de olvidarlo porque cada día surge una noticia que lo recuerda. Carles Duarte, todavía hoy secretario general de la Generalitat ya ha «fichado» por una fundación del grupo Agrolimen (Gallina Blanca, Pans, etc). López de Lerma todavía subportavoz en el Congreso de los Diputados anuncia que deja la política -aunque alguien duda de que no sea un descanso temporal para reaparecer en otra formación- y será el nuevo gerente en Cataluña de APD, la asociación que allí preside Isidre Fainé, director general de la Caixa. A esta entidad que algunos náufragos divisan como buque de salvamento, trepan por babor y estribor altos cargos en busca de asilo. Cambia el President porque Pujol se va y con alta probabilidad su sucesor pertenece a otro partido. El empate técnico que anuncia el CIS entre Maragall y Mas -el primero ganaría en votos y el segundo en diputados- más el retroceso de ambos hace que, salvo desmentido del electorado en ocho días, solo salga un gobierno catalán de la suma de socialistas, Esquerra e Iniciativa (ecosocialistas). A convergentes y Esquerra les faltaría unos diputados que solo el PP podría darles y no les dará. La otra opción es la gran coalición que Carod entiende como expresión del «pacto de salvación laboral de los pujolistas de alto standing». Así de reñida está la cuestión en Cataluña. Así de difícil con Esquerra, el PP y cada vez más Iniciativa pugnando por conseguir la llave del futuro gobierno. El bombazo Son las elecciones catalanas más importantes desde 1980 cuando ganó Pujol y se instaló en el poder hasta su jubilación. Por eso la alta tensión por la incertidumbre se ha reproducido en cuanto la opinión pública y los políticos se han recuperado del bombazo del pasado sábado cuando se anunció el noviazgo -de hecho la boda- entre Don Felipe y Letizia, muy pronto doña Letizia. Solo algunos sectores de la derechona más rancia y del integrismo religioso han deslizado críticas a la decisión del futuro monarca de casarse con una plebeya. Aznar, en medio de felicitaciones que incluían casi alborozados a los sindicatos, fue la nota algo fría dentro de la correción. Les felicitó, expresó su reticencia a modificar la Constitución para que el sucesor en el futuro pueda ser una mujer y habló en algún momento de asunto privado. ¿Privado?. Mas bien público y de gran trascendencia porque desaparece el factor de riesgo para la Monarquía constitucional que introducía un heredero al trono soltero. Y con una alternativa poco menos que surrealista. El mismísimo Presidente del Gobierno se enteró del noviazgo en el último minuto cuando el Rey le llamó personalmente para informarle, antes de hacer lo mismo con Zapatero. El secretismo ha sido clave para el éxito de la Operación Letizia que merecerá libros -algunos ya se están escribiendo-, documentales y hasta guiones de películas porque de nuevo la realidad ha superado a la ficción. Y si no que hable la que supuestamente era la amiga más próxima a Letizia en TVE y desmentía el noviazgo a otra amiga común que le daba la noticia y le insistía para que conectara con Telemadrid donde leían el comunicado oficial. Solo la sucesión vertiginosa de acontecimientos mediáticos en torno al Príncipe en una semana -anuncio del compromiso, primera aparición en público de la pareja con los Reyes y pedida de mano-, ha tapado algunas gloriosas metidas de pata de los políticos españoles que han acudido a Cataluña en socorro de sus correligionarios. Mayor Oreja en una forzada y rocambolesca comparación de ETA con el PNV y de CiU con Esquerra, indignó a todo el mundo empezando por Josep Piqué que tejía una campaña con gran inteligencia hasta aquel momento. Pero definitivamente Jaime Mayor es un músico que solo toca una nota en cualquier concierto y ,a veces, hasta desafina. Al tiempo, Fraga era abucheado en un centro gallego en Barcelona porque ya no viaja solo: lleva con él a cuestas el Prestige y se lo señalan sin demasiado respeto. Pero Bono dijo que a Pujol se le iba la cabeza y Maragall ha tenido que excusarle. Bono con relación a Zapatero, como Ruiz Gallardón en relación a Rajoy, cada vez se parece más, a esas solteronas que la leyenda sitúa al pie del altar en todas las bodas para adelantarse a la respuesta de la novia :«!Y si no lo quiere para mí!». Otra cosa es que el PSC ha tirado de Felipe González y Rodriguez Ibarra en el área metropolitana de Barcelona para vender con éxito seguridad de la relación Cataluña-España si gana Maragall. Y el PP ha acertado con Mariano Rajoy ofreciendo centro político alternativo al nacionalismo. Las encuestas que hoy domingo se publican ofrecen pocos vuelcos sobre ese escenario, si acaso una ligera recuperación del desánimo electoral convergente, a base de vitamina concentrada Pujol. Solo el electorado marcando pequeños matices y combinandolos con la abstención acabará perfilando el futuro gobierno. Acaba una época en la que Jordi Pujol, parafraseando al profesor Pierre Vilar, ha incrustado a Cataluña en la España moderna. El nuevo presidente afianzará esa relación o la cuestionará. No hay tercera vía para un asunto tan delicado en un momento especialmente difícil porque la turbulencia vasca no cesa.

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