Blindaje para proteger la identidad de los espías
El Ministerio de Defensa «blindó» ayer la sede del CNI e impidió el acceso al funeral a todas las personas ajenas al recinto y a las familias de los siete agentes asesinados. Desde primeras horas de la mañana, vigilantes adscritos al centro con gabardinas y gafas oscuras se apostaron ante sus puertas. Ni siquiera se permitió a los familiares de los muertos entrar en sus vehículos particulares. Aparte de las autoridades, los vigilantes -protegidos por policías- sólo permitieron el paso de los 21 vehículos civiles del CNI que, debidamente acreditados, acompañaron la comitiva fúnebre, que iba protegida por un fuerte dispositivo de seguridad. Rostros cubiertos A unos cuantos metros del acceso trasero se apostaron muchos fotógrafos y reporteros gráficos de televisión con sus cámaras enfocando al edificio. Al término del funeral, cuando todos los asistentes empezaron a abandonar la base, se vivieron escenas sorprendentes. Numerosas personas que tenían que salir del recinto -entre ellos muchos espías que no habían podido entrar con su coche- se paraban en seco ante la salida y, a toda prisa, cubrían sus caras con bufandas, capuchas, pañuelos, solapas y gafas oscuras para evitar que los reporteros gráficos captaran su imagen. Entre ellos había señores mayores, muchachas jóvenes y atractivas y hombres de edad mediana, de aspecto fornido y con el pelo engominado y peinado hacia atrás. Algunos de estos agentes lo pasaron mal y tuvieron que hacer auténticos esfuerzos para evitar, en caso de ser fotografiados, que les reconozcan siquiera por el color de sus cabellos. Otros, más discretos, ocultaron su cara detrás de la palma de sus manos.