El trabajo de la saga Palacios en el Bierzo Oeste da su fruto en el mercado, el tinto Corullón se cotiza a 70 euros la botella
El vino del Bierzo roza la exclusividad
El proyecto de cepas viejas y singularidad, al que se unen ya otras bodegas, logra eco internacional

En general, los vinos de calidad del Bierzo comienzan a ser cotizados
A sus 27 años Ricardo Pérez Palacios exhibe una madurez que embriaga a cualquiera cuando conversa sobre vinos. Sobre el mundo del vino en general, y sobre su proyecto y su filosofía muy en particular. A su trabajo tranquilo y delicado, y también al de algunos coetáneos que siguen una senda muy parecida a la que él comenzó a trazar hace poco más de cinco años cuando descubrió el pueblecito-mirador de Corullón, se debe el encumbramiento que los vinos del Bierzo están alcanzando fuera de los canales de distribución de masas, donde la Denominación de Origen berciana se está lucrando también de esa especie de halo exotérico que rodea a las creaciones de Ricardo y de su tío Álvaro Palacios, uno de los gurús de la alta calidad en el panorama internacional con sus excepcionales Prioratos. Aunque en este panorama insólito también sobresale ya de forma notable la labor, entre algunos otros, de jóvenes creadores como los enólogos Gregory Pérez, Alejandro Luna y los hijos del famoso Mariano García -padre del Vega Sicilia-, que parecen haber encontrado un filón en las cepas viejas que escalan las laderas de los valles del Bierzo Oeste, y que ya han colocado en el mercado de la exclusividad otro tinto de mencía, el Paixar; a más de 40 euros la botella. Ricardo Pérez y Álvaro Palacios, no obstante, son por ahora los autores del vino más caro que hayan alumbrado los viñedos bercianos en toda su historia. El Corullón tinto 2001 es un rara avis que se está comercializando en torno a los 70 euros la botella y es mucho más fácil encontrarlo en la bodega de un restaurante californiano o noruego que en una tienda especializada de la capital de España y no digamos de León o de Ponferrada. En algunos casos, se puede hallar incluso acariciando los cien euros, fruto básicamente de la fuerte demanda que ha apreciado el producto de manera excepcional, y también del sello de la suntuosidad asociado a Álvaro Palacios. Una cantidad, en cualquier caso, impensable hace algunos años para un vino que no fuera de Rioja o de la Ribera del Duero. Por lo tanto, mucho menos en un Bierzo. Ricardo Pérez, sin duda alguna, parece haber elegido como referencia a su tío Álvaro Palacios para convertirse en uno de los príncipes de este mundo de la viticultura. Álvaro, asociado con su sobrino en este proyecto, es aclamado desde hace ya unos cuantos años como uno de los grandes especialistas en el mercado exterior del vino y cultiva la imagen de calidad y alta selección con el mimo que sus fincas del Priorato, de las que sale la uva de L'Ermita, uno de los tres míticos vinos españoles junto al Pingus y al Vega Sicilia. L'Ermita, a 360 euros También, por supuesto, en el capítulo de los precios. La botella de L'Ermita no baja de los 360 euros, y tiene a gala el ser uno de los pocos vinos en el mundo que ha sido subastado en Sothebys. Los pasos independientes de Álvaro parecen tener un calco en los de Ricardo en el Bierzo. Aunque ambos descienden de una de las sagas de más regio abolengo de la Rioja, los Palacios Remondo, sólo creen en la diferenciación en el mundo del vino como paso firme hacia el triunfo y también hacia la rentabilidad. Por eso si de L'Ermita sólo salen al mercado unas 6.000 botellas anuales y están todas vendidas, del Corullón 2001, que hasta ahora compartía espacio con el Bierzo, tampoco se comercializan más allá de las 30.000 unidades. Aunque el objetivo es incrementar la producción de Corullón a costa de la desaparición de la etiqueta Bierzo y del alumbramiento de nuevos vinos de finca aún mucho más exclusivos en número de botellas, y que ya están a punto de caramelo; listos para pasar bajo la capsuladora manual que Ricardo guarda como una verdadera joya, herencia de su abuelo Pepe. Su labor durante los últimos cinco años en Villafranca, donde Ricardo se oculta tras la fachada de una especie de garage en el que luego se encierra una preciosa bodega en la que domina por encima de todo el aroma de decenas de barricas de roble francés, le ha colocado frente a los focos de todos los grandes especialistas nacionales, que le consideran como uno de los aspirantes al trono que en España comparten un reducido club de enólogos, bodegueros y viticultores. Y eso, hoy en día, significa ser uno de los candidatos a monarca internacional del vino. La suerte de este príncipe iconoclasta, sin embargo, parece que puede ser, en mayor o menor medida, la de los vinos del Bierzo en la pasarela de la calidad más suntuosa... Y más cara. Algunas bodegas ya están en esa senda.