La sangría de la despoblación
El problema más severo que padece hoy Castilla y León, y muy especialmente el territorio leonés, es la desertización demográfica. La espiral imparable de pérdida de habitantes es notoria desde mediados del pasado siglo. En 1950 vivían en la provincia 544.779 personas, 56.028 más que en el 2001, cuando tenían establecida su residencia 488.751 vecinos. Sin embargo, la debacle poblacional entró en un pozo sin fondo a partir de mediados de los años 80. En ese momento comenzó una ola de emigración, principalmente juvenil, hacia otras provincias con más futuro. En relación a 1986, hoy viven en León 42.232 personas menos, y 31.682 también menos desde 1991. En la comunidad, se calcula una pérdida de 90.000 habitantes en esta última década. Este brutal descenso no influye de una forma directa en las próximas elecciones generales, aunque sí intervino en los comicios locales y autonómicos del 25 de mayo, restando a León representantes municipales en 16 ayuntamientos de once partidos judiciales. Sólo se pudieron elegir 1.723 ediles, 28 menos que en las elecciones de 1999. La elevada mortalidad y el movimiento de población en favor de las grandes capitales y las comunidades del mediterráneo -son los principales destinos de los jóvenes que abandonaron la provincia- provoca cada año un crecimiento vegetativo negativo de unas 2.000 personas de media. En el último año, todos los ayuntamientos leoneses perdieron residentes, excepto ocho (Villaquilambre, San Andrés del Rabanedo, Sariegos, Valverde de la Virgen, Valdefuentes del Páramo, Escobar de Campos, Mansilla de las Mulas y Bembibre), según las cifras del INE. Todos ellos están en el área metropolitana de León y en el entorno de Ponferrada. Según los datos que ofrece el padrón, estas zonas atrajeron 4.000 nuevos vecinos. Según esta misma fuente, León fue una de las únicas ocho provincias que no entraron por segundo año consecutivo en la tendencia de crecimiento demográfico que se vive en España, y también una de las cuatro que pierden vecinos en Castilla y León. La provincia no se recupera ni aun con la constante entrada de inmigrantes. En cinco años, la colonia de extranjeros regularizados se dobló en León. En 1981, en Castilla y León vivían unos 5.000 inmigrantes. Siete años después la cifra es de 52.805. Los líderes del PP y del PSOE no han dejado de mencionar esta sangría durante sus mítines electorales en León. Zapatero propone un plan de choque para todo el oeste de la comunidad con fuertes inversiones en un plazo de cuatro años. El PP recuerda que Castilla y León ya tiene en proceso de elaboración y desarrollo un Libro Blanco de la Despoblación, en el que expertos y políticos trabajan para estimular el asentamiento de residentes siguiendo el modelo que ha corregido este problema en varias regiones de Europa.