Diario de León

| Crónica | La jornada más trágica de la capital de España |

La respuesta de una ciudad herida

Los madrileños contestaron con solidaridad a la barbarie, contribuyendo al traslado de los heridos, ayudando a los servicios de rescate y manifestándose contra el terrorismo

Una funcionaria de la Comunidad de Madrid coloca un crespón negro a una bandera española

Una funcionaria de la Comunidad de Madrid coloca un crespón negro a una bandera española

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C. Romero / P. Abejón - redacción | madrid
León

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«Un verdadero crimen contra la humanidad, sin atenuante de género alguno; los autores serán detenidos» ASOCIACIÓN PROFESIONAL DE LA MAGISTRATURA «Hoy es el día más triste y doloroso de nuestra historia democrática reciente; no debemos ceder por activa ni por pasiva» MANUEL CHAVES, presidente de la Junta de Andalucía «Fanáticos fascistas; hay que votar el domingo de forma masiva como muestra de ejercicio democrático» CONGRESO DE LIBREROS Madrid se ha despertado a golpe de bombas pero ha reaccionado con una enorme solidaridad a su particular 11-S, y, como la ciudad orgullosa que es, ha plantando cara al terrorismo. En las inmediaciones de los lugares donde se produjeron las explosiones, los vecinos tiraban desde las ventanas mantas y botellas de agua para que los bomberos y el personal sanitario atendieran a los heridos. «Hemos hecho lo que hemos podido», cuenta Lola, una vecina de la calle Téllez: «Yo les he tirado todas las mantas que tenía en casa». Pacientes como Joaquín eran desalojados de clínicas como la de la Concepción con el brazo en cabestrillo, para dejar camas libres para las víctimas. Ni una queja. Todo Madrid se volcó. Coches particulares de ciudadanos que circulaban a esas horas por las inmediaciones de Atocha sirvieron de improvisadas ambulancias. Médicos fuera de guardia acudieron a todos los hospitales de la ciudad para echar una mano con los heridos. Carlos Blanco fue uno de los primeros en llegar. Trabaja como médico de medicina general en el centro privado Maestranza, dependiente de Caja Madrid y situado a unos metros del lugar del siniestro, y, aunque entra a las diez, le llamaron y acudió corriendo. Caos circulatorio El caos circulatorio en la ciudad se sobrellevó sin más. Unos 60.000 viajeros se vieron afectados y los atascos sumaron hasta 50 kilómetros en los accesos a Madrid. Todas las líneas de Cercanías y varias líneas de metro cortadas, autobuses hasta arriba con las radios encendidas y todo el mundo en silencio, escuchando las últimas noticias. Sólo se oían voces hablando por teléfonos móviles, madres intentando encontrar a sus hijos desde el autobús. Carmen lloraba en plena calle. Trabaja en Correos, muy cerca de Atocha, y su hija, que está en Túnez, se enteró de la noticia y la llamó mil veces, sin respuesta. Los teléfonos no funcionaban, pero por fi n pudieron hablar. «Estoy viva hija, estoy bien, no llores corazón», le dijo. Miles de viajeros que se desplazan desde Atocha a pueblos cercanos, como Aranjuez, quedaron atrapados. «Trabajo en Enveg, una fábrica de plastifi cados, pero no puedo llamar para decirles que no puedo ir. Supongo que se lo imaginarán», comentaba Miguel Ángel García. Durante todo el día se sucedieron manifestaciones espontáneas en lugares céntricos. «Unos matan y nosotros les plantamos cara», decía Jorge, un estudiante universitario. En el hospital Niño Jesús, un bebé de siete meses, una niña, se recuperaba después de que un médico la encontrara en el suelo, cerca del lugar de los atentados, arrollada y pisoteada. Se buscó a sus padres durante toda la mañana, y al final se pudo localizar a su madre. Por los pasillos del Hospital del Doce de Octubre, que atendió a 257 heridos, se veían rostros que apenas contenían el llanto. «Cada veinte minutos leen una lista con las víctimas que van identifi cando», explicaba Fermín, que trataba de averiguar el paradero de su hermano en el desangelado salón de actos donde el Ministerio del Interior proporcionaba información a los parientes. «Nunca he visto una guerra, pero me imagino que es lo más parecido a ésto», añadió. En el Hospital de la Paz, una embarazada de seis meses perdió la vida. Era una de las diez heridas en estado de gestación que causó el atentado. Panorama desolador El panorama era desolador en todos los hospitales. Médicos, enfermeros y voluntarios se apresuraban entre la multitud desorientada, que intentaba saber qué había pasado con los suyos. Las víctimas leves iban recibiendo el alta, como Jesús Gallego, quien, con un tímpano perforado y varios puntos en la cabeza, había salido «bien parado «Ha habido que improvisar, pero ha salido bien», explicaba el médico internista Manuel Paz. Carmelo, técnico del Servicio de Urgencias Médicas de Madrid, opina que se pudo controlar la situación, aunque él, en 16 años de trabajo, nunca había visto nada así: «En el Pozo había cabezas, brazos y piernas por el suelo».

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