Diario de León

El día de Zapatero y de León

Hoy el joven de familia burguesa con la ambición de hacerse con el control de su formación será el primer presidente del Gobierno leonés desde el liberal Manuel García Prieto Martínez: «Hoy

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Chema Robles - corresponsal | madrid
León

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Cuando José Luis Rodríguez Zapatero empezó a revolver en el PSOE leonés a primeros de los ochenta, sus entonces compañeros de partido no dudaron en vislumbrarle un futuro prometedor en la política. Hoy, dos décadas después, el joven de familia burguesa con la ambición de hacerse con el control de su formación se convertirá en el primer presidente del Gobierno leonés desde el liberal Manuel García Prieto. Con todo, Zapatero parece no perder nunca los nervios. El debate de investidura de ayer no fue una excepción. Llegó al Congreso como siempre, sonriente y tranquilo, en compañía de su núcleo de confianza: Angélica Rubio, Julián Lacalle y José Blanco. El único detalle en su entorno que hacía entrever el histórico momento era la presencia de familiares, entre los que se encontraba su mujer, Sonsoles Espinosa, siempre discreta, o la invasión de cargos políticos leoneses en la Cámara Baja. Allí estaban, entre otros, los senadores Antonio Canedo, Ana Durán y Miguel Martínez (que tuvieron verdaderos problemas para encontrar un hueco en el abarrotado hemiciclo) o el secretario autonómico, Ángel Villalba. Halagos al líder Desde los escaños socialistas, halagos para Zapatero. «Un discurso extraordinario en el tono y en la forma, se ha comprometido ante todos los ciudadanos de este país a cumplir su programa electoral», comentaba Amparo Valcarce, encantada con el compromiso social de su líder, en una de sus últimas jornadas como diputada. «El programa no era sólo para ganar las elecciones, era para gobernar», añadió Charo Velasco, visiblemente emocionada. Desde las filas populares, dudas, exigencia de claridad y alguna crítica al candidato a presidente. De todos modos, hace tiempo que no le llaman Bambi. En clave leonesa, Zapatero no hizo mención en su intervención a promesas importantes como el Inteco o el Plan de Desarrollo del Noroeste. Tampoco parecía el día apropiado. «Ha prometido ser fiel a todos sus compromisos», aclaró Valcarce, quien no alberga ninguna duda de que ha comenzado «la etapa de la esperanza leonesa». Así lo debieron ver también los senadores Antonio Canedo y José Giménez, que se abalanzaron a felicitar a Zapatero en su propio escaño al finalizar el discurso. «Ha estado muy valiente», apuntó el primero. «Se ha comprometido a dar un impulso a España y a quitarle la caspa que todavía sigue arrastrando tras veinticinco años», sentenció Giménez, siempre más claro. Por la tarde, llegó el cara a cara con un Rajoy que no dio concesiones, y que, incluso, envió un recado a José Antonio Alonso, futuro ministro de Seguridad, en referencia a su actuación como portavoz de Jueces para la Democracia durante la negociación de la Ley de Partidos. El propio Zapatero hubo de recordar al líder popular que su grupo acabó votando las recomendaciones de su amigo del Crucero. Fue un debate intenso. Para Valcarce, «una lección de parlamentarismo» del político leonés. De todos modos, la impresión generalizada es que Zapatero y Rajoy (y también, Duran i Lleida, que realizó entre la desbandada general una intervención de gran calado) van a devolver al Parlamento un papel primordial en la vida política española. Y que León va a rugir en el Congreso y en La Moncloa. «¿Dónde van a colocar a Café Quijano?», bromeaba un periodista de un medio nacional ante el inminente desembarco de leoneses en el poder. Zapatero, el joven y brillante estudiante de derecho marcado por el fusilamiento de su abuelo, las enseñanzas de su padre y la política de Felipe González, culminará hoy su imparable ascensión política. Y, con él, León llegará La Moncloa.

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