Diario de León

| Análisis | Los cambios en el organigrama |

«Pepiño» ya es don José Blanco

El político lucense saldrá reforzado del congreso federal y verá ampliadas sus tareas de Organización con las de Coordinación, convirtiéndose en el indiscutido número dos del PSOE

José Blanco posó ayer así antes del acto de presentación del congreso socialista

José Blanco posó ayer así antes del acto de presentación del congreso socialista

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Gonzalo Bareño - redacción | madrid
León

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José Blanco López (Palas de Rei, Lugo 1962) culmina este fin de semana una sorprendente y meteórica ascensión en el PSOE. En apenas cuatro años habrá pasado de anónimo diputado a indiscutible número dos del partido. El domingo, será uno de los claros triunfadores del congreso. Sus responsabilidades como secretario de Organización serán reforzadas con la de Coordinación. El hombre al que todos miraban con desconfianza cuando Zapatero le escogió tras su sorprendente acceso a la secretaría general ha acabado concitando el consenso. Presume de haber acabado con las familias en el PSOE en un momento especialmente difícil, con puntos de vista tan dispares como los del catalán Pasqual Maragall o el presidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Pero el camino no le ha resultado fácil e incluso ha estado a punto de descarrilar. Su peor momento fue el verano del 2003, cuando muchos en el PSOE pedían su cabeza por el escándalo de Tamayo y Sáez. Algunos le dieron por amortizado. Su fino olfato político le había abandonado. Tamayo le engañó y sólo la lealtad de Zapatero le salvó entonces. Un año después, quienes trataban de desprestigiarle llamándole Pepiño o Blanquito tienen asumido que es el hombre fuerte del partido. Quienes le conocen dicen que la base de su éxito es que sabe quien es. Sabe que no es Alfonso Guerra pero tampoco es Cipriá Ciscar. Es decir, que no tiene carisma como para llevar el PSOE con puño de hierro pero tiene recursos para que no se le suban a las barbas. Hace cuatro meses, antes del 11-M, era el único en el PSOE, con Zapatero, que aseguraba en público que iban a ganar. Y era evidente que lo creía. Esa fe en sí mismo y en el partido es la que le ha llevado a triunfar.

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