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Inmigración: pacto de Estado
El debate que se ha vivido durante estos días sobre la inmigración amenaza con convertirse en un tema permanente dentro de la vida política. Es un panorama de difícil reconducción

Berlusconi le propone a Gadafi hacer unas patrullas marítimas conjuntas
El debate -o peor, la guerrilla dialéctica- sobre la inmigración amenaza con instalarse en la vida política del país enquistado con la confrontación territorial que se preve a cuenta de la reforma de la Constitución y los Estatutos de Autonomía. Es un panorama de difícil reconducción a corto plazo. Las medidas anunciadas por el Gobierno sobre una inminente regularización de ilegales ya han activado a quienes piensan sacarle provecho político y económico (las mafias presentes en escena o en los países emisores). De entrada, el anuncio de Consuelo Rumi sobre la inminente regularización de ilegales que estén en el país algún tiempo y que consigan una oferta de trabajo, tendrá algunas virtudes interesantes: normalizará la vida de un importante grupo de personas, tranquilizará a los que los contratan ilegalmente porque no tienen otro remedio -en el servicio doméstico, por ejemplo- y meterá en el sistema contributivo a personas que, en caso extremo, ya disfrutan de los servicios sociales sin pagar ningún impuesto. El grito de alarma del Gobierno madrileno de Esperanza Aguirre advirtiendo a Zapatero que «la regularización puede tener efectos letales en los servicios públicos al provocarse una sobredemanda», ha sido rebatido por el vicepresidente Pedro Solbes quien ha declarado que: los niños que haya que escolarizar, en su mayoría, ya reciben educación y en la sanidad ya se atiende de urgencia a los indocumentados. Afortunadamente, cabría anadir, es algo de lo que este país pueden sentirse orgulloso. Como comentaba el ex diplomático norteamericano Clint Smith, cuya hija fue atropellada por un bus en Madrid y operada de urgencia en el Clínico sin saber quién se haría cargo de la factura, «la diferencia entre España y los EE.UU. es bien clara: mi hija Alexandra se salvo en Madrid, y una española en las mismas circunstancias lo mas probable es que hubiera fallecido en los Estados Unidos». Lo que sucede es que si al tiempo que el Gobierno da el paso valiente de afrontar la regularización de miles de casos que claman al cielo, no se controlan los flujos migratorios y no se actúa sobre las mafias, el resultado puede ser en la práctica el de un «efecto llamada», sobre todo, de quienes explotan la imperiosa necesidad de los «sin papeles» de llegar a Europa a cualquier precio. Un alto cargo policial, a proposito de lo que esta sucediendo, ha comentado a Diario de León : «Lo de las pateras es penoso y se llenan los telediarios con imagenes de impacto, pero el coladero lo tenemos en Barajas. Hay compañías aéreas -y cita el nombre de la holandesa KLM- que se han hecho ricas, o se han salvado de la crisis, trayendo inmigrantes de Latinoamérica como turistas sin que podamos cerrarles el paso en la aduana». Recientemente se exige visado a los ecuatorianos, ademas de los colombianos y peruanos, pero el flujo de entradas es el mismo porque ahora los que llegan para el servicio doméstico proceden de otros paises como Paraguay. Antes casi todas las «mucamas» en Buenos Aires eran paraguayas, pero la crisis en Argentina las ha acabado desviando hacia Espana. Vigor-flexibilidad «El modelo debería combinar vigor en el control de los flujos de llegada -señala a Diario de León Constantino Méndez, delegado del Gobierno en Madrid- con una flexibilidad en la contratacion». Para el político gallego, hay que activar el control fronterizo, en absoluto incompatible con sistemas ágiles para la entrada legal de contingentes realistas y, a ser posible, con acuerdos con los paises de procedencia abriendo oficinas ad hoc para gestionar empleo. Pero a su juicio, dado que se trata de afrontar un grave problema porque el balance de la inmigración en España -como discurre hasta aho-ra. es un fracaso absoluto, lo que se impone es un Pacto de Estado entre las principales fuerzas politicas del país para que este asunto no sea escenario de confrontación. Para ello, los partidos, ante todo, deben aclararse internamente: en el Partido Popular, por ejemplo, nada tiene que ver la posición de Esperanza Aguirre con la de Manuel Fraga, mucho mas sensible hacia el problema, quizas por su condición de gallego y sobre todo de familiar de emigrantes. «Ni la posición de Fraga coincide con la de Mariano Rajoy», ha declarado la Central Intersindical Gallega en un insólito elogio, por comparación, al Presidente de la Xunta. «Hay que avanzar hacia ese Pacto de Estado y, al tiempo, controlar la alarma social que ha sido siempre el motor de la xenofobia», sostiene Constantino Méndez. Ciertamente la sorpresa todavía no explicada de sociólogos y politologos es como no ha surgido un brote de extrema derecha organizado, o un partido de corte lerrouxista, cuando el trece por ciento de la población de la Comunidad de Madrid es extranjera. Y en algunas localidades de Murcia, Almería, Huelva y en la costa catalana, el porcentaje es aun superior. El Pacto de Estado que propone Méndez, debería, además articularse a escala europea, al menos con los paises del Sur que tienen problemas similares. Si no, véase a Silvio Berlusconi que acaba de visitar a El Gadafi para proponerle incluso patrullas maritimas conjuntas. Los italianos tienen la isla de Lampedusa entre Libia y Sicilia que es un auténtico portaviones de pateras. El drama no está sólo en el Estrecho.