| Crónica | Difícil salida |
«¿Por qué tengo que huir yo?»
Durante el 2003 fueron acogidos en los cinco centros abiertos en León 81 mujeres y 65 menores de la provincia; la mayoría salieron sin empleo o trabajando de asistentas
Cerrar la puerta de casa por última vez y huir en busca de refugio es uno de los pasos más difíciles que han dado las mujeres víctimas de malos tratos en los últimos 20 años, desde que se crearon las primeras casas de acogida para atenderlas jurídica y psicológicamente y acogerlas. Durante todo este tiempo muchas mujeres se han preguntado lo que una joven de 19 años acogida en el centro de Isadora Duncan: «¿Por qué tengo que huir yo? ¿Qué culpa estoy pagando? ¿Cómo salgo adelante yo sola con mi hijo?» Ahora, las nuevas medidas de protección evitan que muchas mujeres tengan que dejar su hogar; pero no las más vulnerables. El perfil de las mujeres maltratadas que llegaron a una casa de acogida como la Simone de Beauvoir es el de una española, aunque también un 25% inmigrantes; de profesión, amas de casa en un 50% de los casos y trabajadoras del servicio doméstico (25%). Sólo una tenía un puesto de trabajo normalizado (6,25%) y el resto preparaba oposiciones, daba clases particulares o trabajaba temporalmente en hostelería. Una de cada tres de las que salieron a lo largo del año (75%) se fueron sin trabajo y sin prestación, aunque pudieron dejar el centro al zanjar la separación de bienes y carecer de cargas familiares. Pero para la mayoría «el único trabajo compatible con el cuidado de sus hijos es hacer horas en una casa, la renta activa de inserción no es inmediata, dura diez meses y ¿después qué?», plantea sor Clara Gallego. La conciliación de la vida familiar y laboral -agrega Cristina Prieto- «está muy bien sobre el papel, pero en la práctica aquí hemos tenido casos de niños sin guardería durante seis meses porque no había plaza. ¿Qué hace la mujer en ese tiempo?». El reto no es sólo dar apoyo jurídico y emocional a estas mujeres; aunque es verdad que la mayoría «llegan con muchos problemas a nivel personal, falta de autoestima y, cada vez más con tratamientos farmacológicos; toman tranquilizantes y antidepresivos», explica Cristina Prieto. Las salidas laborales y la creación de servicios de apoyo para los menores que las permitan conciliar su vida con un empleo son los nuevos horizontes a explorar de este sector, señala María Jesús Blanco trabajadora social del centro Simone de Beauvoir, que ya ha conseguido una ayuda de 30.000 euros del IRPF para abrir un centro de día para atender a menores en horarios que no cubre la escuela. Con este dispositivo, para el que busca apoyo de otras administraciones públicas, se pretende ofrecer apoyo a las mujeres de la casa y también a otras que tienen su propia vivienda y tienen dificultades para trabajar. Un programa específico de inserción laboral de mujeres víctimas de maltrato como el Plan Dike sólo tuvo eco el año pasado en 13 empresas solicitantes que ofertaron 20 puestos a los que concurrieron un total de 54 mujeres. Pero, tras las 51 entrevistas realizadas, sólo se formalizaron 10 contratos que además tienen una duración muy limitada, seis meses.