El rompecabezas El quebrantahuesos Mando a distancia
Las caras del maltratador
Algunos de los perfiles del maltratador definidos por Miguel Lorente Acosta en El rompecabezas (Ares y Mares. Ed. Crítica 2004) son: Es el prototipo de maltratador. Combina la violencia psíquica, que hunde a la mujer, («su» mujer) y la física. Espera el momento oportuno para la agresión física, cuando la relación se haya reforzado para que sea más difícil romperla por denuncia o abandono. Oscila entre la justificación, el perdón y la responsabilización de los hechos a la mujer, lo que contribuye a que ésta no haga nada. Su casa es un coto privado de caza en el que la mujer es lo más preciado y lo manifesta con un cariño desproporcionado en ocasiones y convirtiéndola en el foco de su ira. La forma de agredir es explosiva y los convierten en auténticos quebrantahuesos: «Yo no quiero pero tú me obligas», suelen decir. Inseguros, creen que dan mucho pero exigen aún más. La agresión psicológica es la forma de conseguir este resultado sin necesidad de recurrir a los golpes. La invisibilización de la mujer y su confinamiento en el ámbito privado de la vida han contribuido al ocultamiento de la violencia. Los celos Los celos no son amores, sino buenas razones para ejercer el control sobre la mujer, presentarlo con apariencia de normalidad y como un signo de amor. Construcción cultural que lleva a interpretar las conductas bajo la clave de los sentimientos. Bajo el argumento cultural del necesario control de las mujeres se ponen burkha o se las lapida. Jekyll y Hide El trabajador que cumple con sus obligaciones y responsabilidades que horas antes ha maltratado a su mujer. Como ella le provoque -piensa en este intervalo de no violencia- volverá a hacerlo. No es un enfermo ni un psicópata, sino un frustrado. El controlador Construye una relación de pareja en la que él está en la azotea, cara al exterior, y ella en un semisótano. Representación típica de la figura autoridad heredada del pater familia .