NOCEDA
Emocionado adiós a Silvia
Dos mil personas entre vecinos, compañeros y cargos públicos abarrotan la iglesia para dar su último adiós a la agente asesinada y consolar a la desolada familia

Rota por el dolor, la madre de Silvia, entra en la iglesia junto a su esposo y su hijo
En un día desapacible y triste, reflejo del sentimiento de todo un pueblo, Noceda del Bierzo se convirtió en una gran familia para dar el último adiós a Silvia Nogaledo. Cientos de vecinos, agentes del Cuerpo Nacional de Policía y cargos públicos abarrotaron la iglesia para asistir a un funeral donde la emoción estaab a flor de piel. Sobrio y sin estridencias el acto respetó los deseos de intimidad de la familia. Ni siquiera se realizaron declaraciones oficiales aunque asistieron el delegado del Gobierno en Castilla y León, Miguel Alejo; el subdelegado, Francisco Álvarez, y la vicepresidenta de la Diputación, Fátima López. Poco antes de las cinco de la tarde, en medio de un hondo silencio, el féretro con los restos mortales de Silvia Nogaledo era introducido a hombros de sus compañeros de promoción en el interior de la iglesia. El templo y los alrededores estaban ya abarrotados a la llegada del féretro, al que hicieron pasillo en la entrada los compañeros de promoción de Silvia, además de la recepción y despedida de los altos mandos de los cuerpos de seguridad. Por petición de la familia, se suprimieron los pésames y se desarrolló un breve acto religioso concelebrado por tres sacerdotes, y con una homilía en la que el párroco de Noceda tuvo palabras de fortaleza para los familiares. El silencio y el respeto fueron las principales características del acto. Sin más exteriorización de los sentimientos que las lágrimas de todos los asistentes, el silencio tan solo se rompió con el sonido de los aplausos tras la lectura de una poesía que realizó uno de los miembros de la familia Nogaledo y a la salida del féretro hacia el cementerio, a hombros de compañeros polícias de la fallecida. La poesía que cerró el acto religioso fue un canto a la paz «Paz, hoy he vuelto a soñar y te he soñado niña», comenzaba diciendo.