Un cambio de mentalidad
El campo se juega en los próximos cuatro años su futuro en la renovación de unos regadíos que obligan a jornadas impredecibles, derrochan agua y no son sostenibles
El abogado leonés Graciliano Palomo, presidente de Seiasa del Norte desde julio, acaba de coger el timón de la modernización de los regadíos en Castilla y León, Galicia, Cantabria y Asturias y ya tiene en su agenda el listado de las comunidades de regantes para impulsar los proyectos que en León ya adolecen de un «cierto retraso, pero aún están a tiempo de realizarse». Por encima de los costes y la financiación, los problemas sociológicos por la edad de la población rural y las dificultades jurídicas del minifundio, Graciliano Palomo cree que en este retraso opera sobre todo la inercia de «la mentalidad». Pero esta resistencia al cambio no justifica, a su juicio, perder un tren «que no está parado en una estación esperando a que la gente suba, este tren tiene plazo: el 2006 para las ayudas del Feoga y el 2008 para concluir las obras». Las nuevas tecnologías del agua plantean «un cambio total y radical del concepto de agricultura». Con la modernización, «se va a poder medir y calcular la rentabilidad de la explotación agraria por las horas de trabajo efectivamente empleadas en el cultivo». Valorar el trabajo agrario en las mismas condiciones que la industria o los servicios es la única forma de «enganchar a una nueva generación de jóvenes al campo» y hacer posible el cacareado desarrollo rural, agrega. Ahora es un trabajo a destajo y sin jornada y, desde luego, nada atractivo para las generaciones de jóvenes que huyen del campo desde los años 70. El presidente de la Seiasa del Norte reconoce que hay «incertidumbre real» sobre el futuro del campo -hasta qué punto se va a reformar la PAC y cuáles serán los cultivos de la próxima generación- pero pronostica que «en algún momento nuestra agricultura tendrá que empezar a producir para fabricar biocombustibles». Graciliano Palomo reconoce que «el futuro es tan incierto como lo ha sido siempre», pero cree que sólo «la agricultura que esté preparada lo va a afrontar en condiciones ventajosas y favorables», mientras que el resto, advierte, «correrá el riesgo de caer en la marginalidad económica». El objetivo prioritario del Plan Nacional de Regadíos es «regar más y mejor, con menos cantidad de agua, con menos coste por hectárea y con mucho menos trabajo por parte del agricultor». Ahorro y ecología Con las nuevas técnicas de riego a presión -pivot o aspersión- se ahorra hasta el 35% de agua sobre la que se gasta actualmente en el riego por inundación. El aumento de la productividad ronda el 20%, «lo que justifica por sí solo la inversión», subraya Palomo. La fertilización y la aplicación de los productos fitosanitarios se realiza a través de las mismas conducciones que el agua, con dosis adecuadas y no indiscriminadas para cada superficie y cultivo. «Se hará una agricultuira más ecológica y sostenible», precisa. La centralización automatizada del riego en un ordenador en la comunidad de regantes ahorra también energía (desaparecerán los motores individuales de gas oil). Por último, para los propietarios que arriendan sus parcelas «supone una revalorización de la tierra».