La estética de la resistencia
Un monolito a escala humana, obra del escultor Urza (Madrid, 1959), será el tributo del pueblo de Fabero a los «paseados» durante la represión franquista. «La obra no es grandilocuente (1.85 de altura) y ha huido de la iconografía recursiva en una temática tan comprometida», señala el autor, aunque el tono neutral de la pieza, elaborada en hormigón de alta resistencia, ayudará a cerrar las heridas de quienes han reivindicado durante tantos años este homenaje. La dimensión humana de la obra se esconde en la trágica historia de aquellos hombres que un día de 1936 partieron hacia del Frente Norte de Asturias para incorporarse en el Ejército Republicano. Muchos de ellos encontraron la muerte en el intento, caso de José Landera Periquete y Perfecto Álvarez Carrero . La historia que ha rescatado del olvido uno de los descendientes de Periquete, José Antonio Landera, es espeluznante. Relata que los dos maquis se quedaron en una casa de los Ancares protegiendo la retirada de 14 compañeros que, como ellos, se dirigían al frente. Fueron encontrados por sus captores, que les sacaron de la casa de los pelos. Les ataron a dos caballos y fueron arrastrados varios kilómetros hasta el lugar de su muerte. Allí les fusilaron, después de terribles torturas. El monolito se convierte así en el primer símbolo que reconoce la injusticia de estos y tantos otros asesinatos. Como la joya literaria de Peter Weiss, es la estética de la resistencia.