Un revés que preocupa a ZP
El triunfo de George W. Bush es una muy mala noticia para José Luis Zapatero. En contra de lo que dice la retórica oficial políticamente correcta, deseaba fervientemente la victoria de John Kerry. Sabe que el reelegido y, por tanto, fortalecido Bush pasará factura de una u otra forma por la retirada española de Irak y otros encontronazos. Por eso cundió la preocupación y el desánimo en La Moncloa, desde donde el presidente siguió atentamente los resultados hasta las cinco de la mañana. Es evidente que Bush no le gusta en absoluto. Zapatero ha cometido errores en su relación con EE. UU., y no precisamente el hecho de marcharse de Irak, una decisión soberana respaldada por la mayoría de los españoles. El primer gesto inamistoso fue permanecer sentado al paso de la bandera norteamericana el año pasado. El segundo fue pedir la salida de las tropas extranjeras de Irak. De la plena sintonía de Aznar con Bush, próxima a la sumisión, que condujo directamente al apoyo español a la invasión, se ha pasado a una hostilidad mutua. Pero si el Gobierno de Madrid ha cometido fallos, el de EE. UU. no le ha ido a la zaga. No ha disimulado su enfado por la retirada de Irak, incluso ha tomado represalias, y el embajador Argyros no tuvo reparos en caer en la grosería al no acudir a la recepción del Rey. El ministro de Defensa, José Bono, sin embargo, se presentó la noche del martes en la fies-ta de la embajada de EE.?UU. acompañado de numerosos dirigentes socialistas. Resta por ver si el cambio de talante que implica esa presencia y otros futuros gestos similares serán suficientes. Bush ha planteado su guerra contra el terrorismo en términos de «quien no está conmigo, está contra mí». Y España no está en Irak y no va estar. Al margen de errores, eso es lo que no se perdona.