Diario de León

| Crónica | En los bancos y el banquillo |

El 13 no es número para apostar

Las intervenciones del pleno se vieron afectadas por la interrupción de los asistentes, que divididos en dos bandos escenificaron el lado más prosaico del cambio de gobierno

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A. Caballero - león
León

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El imaginario popular construye la fábula en la que el escorpión se encuentra delante de un charco y es incapaz de pasar sin ahogarse hasta que aparece una rana y lo invita a cruzar acomodado en su lomo. Una vez en la orilla tranquila, el escorpión vuelve la cola y clava su aguijón en la rana, que asustada le pregunta por qué hace eso: «Es mi carácter», devuelve por toda respuesta. Como no lo escribió Marx, ni Engels, ni siquiera Papini, al PSOE le tocó ayer tragar saliva y coger aire para afrontar la moción de censura, olvidada ya la apuesta de Rodríguez de Francisco por el 27 rojo, en un debate que dejó claro que el 13 no es buen número para apostar y que 14 son muchos concejales en un arco construido sobre 27 radios. La mañana, que invitaba más a la modorra que al acaloramiento pronosticado, madrugó para que cada una de las formaciones colocara sus huestes en posición. El cásting de asistentes al pleno empezó sobre las 10.00 horas en la calle Arco de Ánimas, donde quedó apalabrado el número de simpatizantes del PP que formarían parte del auditorio, con el beneplácito del intendente jefe de la Policía Local, Martín Muñoz; mientras que algunos familiares socialistas ya ocupaban banco en el salón y el resto caminaba desde Vegazana con un ataúd a cuestas. Empezaba a pintear, aunque el chaparrón llegaría luego. Las cámaras pasaron a directo y Amilivia encabezó la entrada de los suscriptores de la moción, seguido por De Francisco, que tomó asiento, giró la cabeza, hizo un gesto con el índice y a su espalda y la de Covadonga Soto apareció la guardia pretoriana. Las concejalas más jóvenes del grupo popular se entretenían en correr los visillos -que entraba claridad- cuando el PSOE y la UPL llegaron al salón de plenos. Y empezó el sainete. La puerta se abrió a audiencia pública y en el mismo arreón entró medio centenar de personas, entre simpatizantes y cargos varios como Enrique Gil, José Giménez o Fátima López Placer -que se divirtió horrores-; mientras que no apareció ninguno de los secretarios provinciales: Miguel Martínez, José María López de Benito y Joaquín Otero para arropar a los suyos. Los discursos recibieron distintas acogidas. Amilivia entró con palmas y gritos de alcalde; Fernández con tímidos aplausos; y con Chamorro se desató la lluvia de pitos, insultos y hasta peticiones de oreja. «Vamos a murmurar todas para que no se le oiga», proponía una mujer subida al banco de la pared. Y entre murmullos se oyó «chulo, llorón y jeta», entre otras lindezas. Ángel Valencia llamó la votación y cada uno recitó lo que traía de casa, con De Francisco y Soto metidos a barítonos. El recuento cumplió lo esperado, Amilivia se aprestó a coger el bastón, Humildad Rodríguez le lanzó una mano de apoyo a Fernández y, cuando el presidente de la mesa pronunciaba que prosperaba la moción, al móvil de un miembro de Nuevas Generaciones se le escapó el sonido del Cara al sol. Un dirigente socialista se acordaba en la puerta de las tesis de Galileo pese a la hoguera: «Esto gira».

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