El Papa que rompió la tradición
La elección de Karol Wojtyla, el Pontífice que llevó el Vaticano a Internet y el púlpito a los estadios y aeropuertos, rompió una larga tradición de 455 años de papas italianos

Wadowice, su villa natal en Polonia, celebró el 82 cumpleaños de Juan Pablo II con un mosaico humano
A las 18.18 horas del 15 de octubre de 1978 salió de la chimenea de la Capilla Sixtina el inconfundible humo blanco que anunciaba al mundo el Habemus Papa y el arzo-bispo de Cracovia, Karol Wojtyla, se convertía en el nuevo sucesor de san Pedro. Pocos podían suponer entonces que el Papa polaco, el primer pontífice no italiano de los últimos cuatro siglos, pasaría a los anales de la historia, no sólo de la eclesiástica por su longevo papado o por sus numerosos escritos doctrinales, sino también de la política, por su protagonismo en la caída del comunismo, e incluso en la historia de las civilizaciones, debido a su profunda implicación en los problemas de las distintas sociedades y países. Humo negro en seis ocasiones Una tradición de 455 años de elegir papas de origen italiano se había roto. El domingo, tras cuatro votaciones, el humo había salido negro. El lunes por la mañana, dos votaciones, negro, y a la tercera el cónclave decidió. Veinte minutos después, proto-colariamente, el cardenal Felici, el más anciano, anunció el «Habemus Papa, el eminentísimo Carlos, car-denal Voitiua (sic), arzobispo de Cracovia». Las 300.000 personas que esperan, incluidos los periodistas, se asombran. Nadie le conoce. El apellido, pronunciado en polaco es un galimatías durante semanas... El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II. El Papa polaco elige como lema de su escudo «Totus tuus», que significa «Todo tuyo», como signo de consagración íntegra a la Virgen María. Tenía 58 años de edad. Había sido obispo-arzobispo durante veinte años, de ellos, once como cardenal, en Cracovia (Polonia). Se conoce ya que es políglota: polaco, alemán, español, francés, italiano, inglés... Que es hombre del Vaticano II, donde deslumbró con su perfecto latín. Que ama los deportes y practica el esquí. El 2 de octubre de 1979 regresó a Polonia. Este viaje sirvió como impulsor político al movimiento Solidaridad, que más tarde ayudó a consolidar la caída del bloque soviético. Así comienza la renovación de la Iglesia siguiendo las pautas marcadas por el Conclilio Vaticano II: visitas pastorales a los países donde hay católicos, sea cual sea su número y el régimen político que los gobierne. En total, recorrió más de un millón de kilómetros, o sea 29 veces la vuelta a la tierra. Un décimo de su tiempo lo pasó fuera de Roma. Su gran frustración fue no haber podido ir nunca a Rusia ni a China. Es el Papa que trasladó el púlpito a los estadios y a los aeropuertos, que amplió los medios de comu-nicación de la Santa Sede y llevó la voz del Vaticano a Internet, que inventó las jornadas mundiales de la juventud. Que publicó catorce encíclicas, el código de derecho canónico y el nuevo Catecismo, y que tuvo que actuar ante el cisma provocado por el obispo tradicio-nalista francés Marcel Lefebre. Pasará también a la historia como el Pontífice que contribuyó a la caída del comunismo y a la desaparición de la Teología de la Liberación, que abogaba por el acompañamiento de los sacerdotes en el sufrimiento de los pobres. Al mismo tiempo, grupos y órdenes conservadoras como el Opus Dei lograron una influencia inédita en el mundo católico his-panoamericano e incluso dentro del Vaticano.