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Viene un mes de infarto

Zapatero está esperando el anuncio de la tregua

Zapatero está esperando el anuncio de la tregua

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Manuel Campo Vidal - madrid
León

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Una escena en el Congreso de los Diputados esta misma semana ilustra a la perfección lo que esta pasando: en rueda de prensa el diputado popular Lopez Amor explica su satisfacción porque las enmiendas del PP a la Ley de Defensa hayan sido asumidas por el PSOE. Una periodista le pregunta si cabe interpretar que el duro enfrentamiento PP-Gobierno ya amaina. «Sí, por supuesto», responde el diputado, quien añade palabras de agradecimiento al Gobierno por su actitud receptiva y subraya la importancia de lo conseguido por el PP. A los pocos minutos, cuando los periodistas ya redactan crónicas sobre la distensión que se vislumbra despues de días tan ásperos, los interrumpe una colaboradora del portavoz Eduardo Zaplana con este mensaje: «No os confundais». Esto sigue igual de duro, el enfrentamiento es el mismo que el de la semana pasada». O sea, ni caso al diputado que acaba de hablar. ¿Qué sucedió entre el mensaje de coexistencia de López Amor y el recado bélico de Zaplana? Casi todas las interpretaciones coinciden, porque a base de repetir situaciones similares, aunque no tan drásticamente claras, se descubre el mecanismo: en ese tiempo se informó al mando supremo de las palabras y el tono de López Amor, que no es un diputado inexperto, ni va por libre, y se dictó la contraorden. Y dónde esta el cuartel general al que se consulta habitualmente? Pues no dónde cabría esperar, en la calle Génova, en la sede del PP, sino en la sede de la Fundación Faes que preside Aznar. La impresión en Madrid es que esto no es nada nuevo pero antes, por lo menos, se disimulaba más. Hoy las referencias a la presencia e influencia de la Faes crecen y parecen acumularse los indicios de que es desde allí donde parten realmente las ordenes políticas que finalmente personalizan Zaplana y Acebes. Circulan hasta chistes, que si Faes es Fort Apache, habida cuenta de la admiración de Aznar por el tejano Bush; que si Faes se corresponde con la iniciales de Falange Española, primera adscripción política de Aznar reconstruida con todo detalle por el malogrado historiador Javier Tusell, etc. Con esa situación de bicefalia en la práctica en el Partido Popular y con el riesgo asumido por Zapatero al lanzar su oferta de diálogo con ETA si deja las armas, abróchense los cinturones y piensen en los escenarios políticos tan distintos que nos podemos encontrar dentro de un mes. En uno de ellos, Fraga no ha conseguido la mayoría absoluta, tiene que pasar a la oposición, anunciar su retirada y convocar un Congreso extraordinario de su partido para elegir sucesor. No es descartable en esa circunstancia que Rajoy haga suya la derrota de los populares gallegos y anuncie un congreso extraordinario del PP para elegir nuevo presidente del PP y nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno. Pero aunque Rajoy no tomara esa decisión, sólo con la primera hipótesis, cada vez menos descabellada según la encuesta de Sondaxe, el terremoto está garantizado al menos en Galicia. La previsión es que sólo Nuñez Feijó y Barreiro opten, al liderazgo pero no se descarta una resurrección guerrillera de Cuiña desde la montañas de Ourense. Otro escenario muy distinto es el de un Fraga que renueva su mayoría absoluta -no le basta con ganar, dada la dificultad del PP para establecer alianzas- y Rajoy queda reforzado. En ese momento, Rajoy puede optar por seguir el vía crucis que le impone la Faes o rebelarse. Y rebelarse es librarse de esa triple escolta aznariana que le acompaña en el partido, en las Cortes y en su propio gabinete, que dirige Carlos Aragonés, que ya fue jefe de gabinete de Aznar en Valladolid y en Moncloa. Aragonés es un caso de transformación interesante: antes pasaba desapercibido y cultivaba la discreción pero ahora forma parte del grupo de diputados que encabezan la revuelta en el hemiciclo. Cualquier experto en lenguaje gestual certificaría que su actitud es incompatible con la condición de jefe de gabinete de un político tranquilo y casi siempre mesurado como Rajoy. Rebelión de Rajoy Una rebelión de Rajoy equivaldría a posicionar dos bandos verdaderamente bien diferenciados en el PP: el que no quiere perder una parte del centro político y el PP-Faes, que terminaría impulsando un candidato alternativo. Ruíz Gallardón, como siempre, seguiría corriendo la banda hasta la extenuación y Rato, desde Washington, miraría el enfrentamiento a distancia. Volver quizás sí, pero no ahora, tan pronto, cuando acaba de consolidarse allí. Nadie duda de que hay etarras que quieren abandonar, presos y familiares desesperados y de que Otegi sueña con pactar algo porque se está quedando -sin acta de diputado e ilegalizado- sin oxígeno. Pero una operación de alto riesgo político como ésta la arruina un comando por libre con una fechoría de las suyas. Por eso el ministro del Interior es tan escéptico, el de Justicia tan prudente y el de Defensa tan calculador. A su manera, tratan de distanciar a Zapatero del filo de la navaja porque se pasea demasiado feliz sobre ella pensando que cualquier día ETA anunciará una tregua. O más que tregua. Y si es antes del 19 de junio, mejor. Al fin y al cabo, a Rodríguez Zapatero todo -hasta ahora- le ha salido inesperadamente bien. Por eso cada vez apuesta más fuerte.

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