La ciudad española fue la más votada en segunda ronda, pero no recibió ni un apoyo de Nueva York y cayó en la tercera
Ni Madrid ni París, al final Londres

Londres, un proyecto que fue de menos a más gracias al inmenso trabajo del legendario atleta Sebastian Coe y apostó como ninguno por la juventud, la multiculturalidad y el afán de superación de los más desfavorecidos, destrozó los pronósticos que daban a París como virtual ganadora y fue proclamada este miércoles, en Singapur, sede de los Juegos Olímpicos de 2012. Se impuso de forma ajustada en la final, por sólo cuatro votos, a la Ciudad de la Luz, derrotada por tercera vez en veinte años, y también despertó a la dignísima Madrid del sueño olímpico. Como se presagiaba desde el dictamen de la Comisión de Evaluación del COI, la capital de España cayó en la temida tercera votación, aunque llegó a ser la más valorada en la segunda. Los rectores de la capital española, dispuesta a seguir en la carrera olímpica -aún no saben si se presentarán para 2016 o para 2020-, creen que no vencieron, simplemente, por el miedo de Londres y París a competir con ella en una hipotética final. Es la única lectura que encuentran capaz de explicar cómo se puede obtener más votos que nadie en la segunda ronda (32) -uno menos de los que precisó París para entrar luego en la batalla decisiva- y caer en la tercera con 31. Ocurrió que de los 16 respaldos con los que fue eliminada Nueva York, ninguno fue para Madrid. Hay quien puede pensar que es un castigo a la política exterior del Gobierno de Rodríguez Zapatero, pero la ex portavoz socialista en Relaciones Internacionales y ahora líder de la oposición en el Ayuntamiento capitalino, Trinidad Jiménez, rechazó de plano esta interpretación y habló simplemente de «cálculo electoral». Fueron necesarias cuatro votaciones, las mismas que precisó Atenas para vencer a Roma en 2004 y Sidney para imponerse a Pekín en 2000, antes de que el presidente del movimiento olímpico, Jacques Rogge, revelara el ganador. En ese momento cumbre, a las 19.48 horas en Singapur -seis menos en la Península Ibérica- y tras no pocas dificultades para abrir el sobre con los resultados, pronunció las palabras mágicas: «Tengo el honor de anunciar que los Juegos de la 30.ª Olimpiada se celebrarán en la ciudad de Londres». Un grito jubiloso y unánime se escuchó con fuerza desde las filas de toda la delegación británica. Una euforia que se desbordaría también en la capital del Támesis y en todo el Reino Unido, capaz de batir a la poderosa Francia. Londres, que cuando se produjo el corte figuraba como tercera favorita -obtuvo una puntuación global de un 7,6 frente al 8,3 de Madrid y el 8,5 de París-, firmó un esprint antológico y remontó a sus dos grandes rivales. Tras organizar los Juegos de 1908 y 1948, acogerá 64 años después su tercera cita olímpica, un récord que sólo esta metrópoli posee y que le sitúa con el 10% de todas las concesiones. Su influencia internacional, el poder anglófono y un proyecto extraordinario, que encandiló con su exposición en el centro de convenciones del hotel Raffles, resultaron claves. El análisis de las sucesivas votaciones, conocidas media hora después de saberse el vencedor, resultó esclarecedor de cómo se mueven los hilos en el COI y debe llenar de orgullo a Madrid, dispuesta a seguir con un «proyecto ganador» aunque lo tendrá muy complicado en un futuro a corto y medio plazo. Primero porque los Juegos vuelven a Europa en 2012 y después porque América, Oceanía y África, hasta ahora ignoradas, también pugnarán con esperanzas de éxito. París, derrotada por Barcelona en 1992 y también por Pekín, que arrasó para conseguir los Juegos de 2008 en la segunda votación, tampoco parece dispuesta a cejar en su empeño. Tres varapalos para Jacques Chirac, uno como alcalde parisino y dos como presidente de la República Francesa. En unos minutos, Rogge proclama la eliminación primero de Moscú y luego de Nueva York, también lo esperado. Casi nadie imaginaba, empero, que Madrid ganaría esa ronda con cinco votos más que Londres, siete por delante de París y justo el doble que la opción estadounidense. El voto de los pro rusos había ido a parar a la capital de España. Llegaba entonces el corte fundamental, el momento que Madrid temía más que la final. Nueva York, el tejemaneje entre unos y otros, los cálculos al milímetro lógicos cuando una decisión de este calado sólo la toman un centenar de personas, cercena las aspiraciones españolas. A las 12.35, Madrid recibe la mala noticia. Sus partidarios, se decantan entonces mayoritariamente por los londinenses.