OPINIÓN
El mismo terror
DESDE que se tuvo la primera noticia de la cadena de atentados de ayer en Londres, muchos de los testigos han evocado la masacre del 11-M en Madrid. ¿Tan grande era el parecido? Si tenemos en cuenta que los explosivos se colocaron en transportes públicos, buscando una matanza de civiles inocentes cuantitativamente elevada, está claro que la proximidad entre ambas barbaries es innegable. Tan innegable como que detrás de las explosiones londinenses se adivina la misma mano asesina que sembró de cadáveres la capital de España. El parecido arranca del mismo instante en que se produjeron las explosiones. En Madrid, la primera información hablaba de «varios heridos»; en la capital británica, de dos muertos. Luego vino la fúnebre contabilidad, que en Madrid llegó hasta los 191 muertos y 2062 heridos. En Londres, la cifra también fue creciendo durante toda la jornada, sin que se haya cerrado todavía. Un escenario de pavor muy similar al de Madrid se repetía a orillas del Támesis. Caos y pánico en los primeros instantes, con una respuesta ejemplar por parte de los servicios de emergencia, bien coordinados en am-bos casos. (Hay que decir que los británicos habían estudiado meticulosamente la experiencia española). La diferencia, en el ámbito de la ciudadanía, estuvo en que los madrileños se echaron literalmente a la calle y saturaron hospitales y centros médicos para donar sangre. En Londres, el temor a nuevas explosiones hizo que la policía aconsejase retraerse y no salir a la calle, una consigna que fue obedecida en general. Los medios de comunica-ción se convirtieron en el hilo umbilical que nos ligó a todos con la información disponible. Sin embargo, la abundancia de noticias fue mayor en Madrid, quizá por la convicción inicial -e interés posterior- del Go-bierno de que se trataba de un atentado de ETA. Tony Blair se limitó a informar de un ataque terrorista en Londres, en coincidencia con la inauguración de la reunión del G-8. El Gobierno de Aznar, en el final de una campaña electoral, no hizo lo mismo y tomó otra deriva. Ahí radica hasta ahora la gran diferencia ante un mismo terror salvaje.