| Reportaje | ¿Dónde dejo al chaval? |
Al colegio, pero de campamento
La Ampa del colegio San Claudio propuso una alternativa estival que ya provoca el interés del resto de centros. ¿Qué hacer con el niño? El tiempo, hoy más que nunca, cotiza al alza

Los monitores y niños integrantes de la iniciativa dibujada por el Ampa del colegio San Claudio
Ante la proximidad del estío en no pocos lares reconcomen las mismas dos preguntas de siempre: ¿Dónde vamos en vacaciones? y ¿qué hacemos el resto del verano con el guaje?. Y es que el labora , paterno y materno, no suele permitir demasiado tiempo libre para cuidar al chaval, máxime si el infante en cuestión no levanta un metro del suelo y ronda las 8 primaveras. El Colegio San Claudio, por medio de la Asociación de Padres y Madres ha adoptado una medida pionera -en la propuesta que no en el efecto-. Ante el horario de trabajo de los cónyuges de cada familia han decidido solventar la eventualidad organizando un campamento estival para los críos. Allí disfrutan, aprendiendo y jugando, mientras sus padres se afanan lo mejor que pueden en conseguir el manduque diario. La iniciativa es doblemente interesante cuando se comprueba que durante el tiempo que se mantuvo activo han desfilado por allí 75 niños, todos del Colegio San Claudio. Miembros de otras Ampas ya se muestran seducidos por la propuesta, y es que, a expensas del socorro que presta «aparcar» al chaval mientras lo pasa en grande, la atención que reciben supera lo exigido por la normativa. Por cada ocho niños hay un monitor. A todo esto habría que sumar que para cuidar del esparcimiento del niño se procuran las mejores atenciones. Las salas que desde octubre a junio se tipifican como aulas hacen las veces durante el estío de habitaciones con otro carácter, se les apellida con pseudónimos que los niños puedan asimilar al margen de la actividad académica, se decoran las aulas de modo que la distribución a la que están acostumbrados no impida la satisfacción del infante. Las actividades diarias se organizan en tres fases. La primera, de 8.00 a 10.00, incluye servicio de comedor para, a continuación, dedicar cuatro horas al esparcimiento y actividades lúdicas. El resto dispone el ocio del menor del mejor modo de manera que se dulcifique el solaz veraniego del chaval. Los niños se dividen en grupos según las edades. Los coordinadores matizan que la iniciativa ha registrado una gran demanda por parte de los padres cuyos niños acuden al colegio San Claudio. Del mismo modo aseguran que los niños vienen encantados, que los padres al llegar con sus hijos comentan lo que el chaval les ha contado, ofreciendo un balance siempre positivo. Existe además una cuestión que viene a mejorar si cabe la oferta. Los niños, se socializan con sus iguales, sí, pero sin las barreras que originaría que entre ellos no se conocieran. Al pertenecer al mismo colegio se estrechan lazos y se suelta lastre para que se disfrute sin las trabas de establecer un primer contacto, ya existente de la temporada académica. A todo esto habría que añadir que el gasto al que hacen frente los padres sólo es el de los monitores y alimentos, pues no existe ánimo de lucro en la propuesta. Este año rebosa, los siguientes amenazan igual.