Diario de León

Patrulla de lobos

Un viaje con cuatro militares españoles desde la base de Herat a la de Qala-i-Now permite comprender los peligros a los que se enfrentan cada día en Afganistán

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David Beriain - Enviado especial a Herat
León

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«A toda la malla, atención, bolsa de basura sospechosa a la izquierda de la carretera». El sargento Constantino Gómez Romero pasa el mensaje al resto del convoy de la Brilat que cruza las calles de Herat. Los talibanes, copiando a la resistencia iraquí, están empezando a utilizar en otras zonas del país bombas caseras que colocan a los bordes del camino para atacar a las patrullas de las tropas internacionales, sobre todo norteamericanas. Aquí, en Herat, no ha habido ningún caso, pero no es cuestión de fiarse. «Tenemos información de inteligencia de que han llegado a instruir a niños para que puedan colocar bombas lapas en los convoys de las fuerzas internacionales. Saben que repartimos mucha agua entre los críos, y que los soldados les dejan acercarse. Por eso tenemos cuidado», dice el sargento. Acompañamos a Los Lobos , la segunda compañía de la Brilat, en una de sus patrullas. Nuestro Vantac -el todoterreno armado que utiliza la infantería española- va en vanguardia del convoy, abriendo el paso y advirtiendo a los otros cuatro de cuantas posibles amenazas se puedan encontrar en el camino. «Si pasa algo nos lo comemos nosotros. Así que atentos. Esto de ir delante va por turnos. Cambiamos porque el que va delante lleva todo el peso del convoy. Hoy nos toca a nosotros», advierte el sargento. El nuestro es un vehículo aplastantemente gallego por muchas razones. Lo fabrica Uro y los que van dentro también lo son. El sargento es de Vigo; el soldado, Juan Rodríguez, el tirador de la ametralladora de 12.70, es de A Coruña; el soldado Ángel Vilariño, que lleva el lanzagranadas de 40 milímetros, es de Santiago; Jimmy Boal, el conductor, es de Madrid, pero los demás lo han adoptado como gallego desde que vive en Pontevedra y tiene novia -Cristina- gallega y militar. «Pon ahí que la echo mucho de menos», dice. Los cinco -falta el tirador de la ametralladora ligera porque su puesto lo hemos ocupado nosotros- forman una unidad que no se disolverá en toda la misión. Podrán sumarse a uno u otro vehículo para el convoy, pero ellos cinco siempre salen juntos. «Se trata de eso, de crear unidades, que la gente actúe y sepa responder como uno sólo», nos comenta uno de los comandantes de la Brilat. «A todo la malla, vehículo parado en el margen derecho con personal afgano», sigue cantando el sargento. Sus mensajes van dirigidos al teniente Miguel Ángel Calvo, coruñés, que manda en el convoy. Como hombre al mando, va en el vehículo del medio. Se trata de que si hay un ataque, el que tiene que tomar las decisiones no sea el primer en caer. La Brilat tiene tres compañías de fusileros operativas en Herat. Forman parte del llamado batallón electoral, que se ocupará de apoyar al Ejército afgano para garantizar al seguridad de los comicios legislativos del 18 de septiembre. La primera compañía, conocida como la de las hormigas, fue la que se vio involucrada en la tragedia de los Cougar. A esta unidad, mandada por el capitán Martín, se le habían encomendado las operaciones helitransportadas para esta misión. La segunda, Los Lobos , se ocupan de las operaciones terrestres. «Los que cayeron no eran de nuestra compañía, pero los conocíamos a todos. Muchos eran compañeros de promoción de nuestra gente», dice el sargento. El soldado Vilariño repite lo que estos días ha pasado a ser el credo de la Brilat tras perder a doce de sus compañeros. «Es triste, pero hay que seguir. También te puede pasar en España», dice. Destino Qala-i-Now El convoy se aleja de la base Camp Arena, se interna por unos instantes en la ciudad de Herat y la abandona después para tomar la carretera que va a Qala-i-Now, la otra base española en el oeste de Afganistán. Por momentos, el asfalto deja paso a un camino de piedras. El sargento y sus hombres vigilan las colinas a los lados de la carretera, los lugares desde lo que podría llegar un ataque. Se le nota alerta, pero tranquilo. Cuando salimos a campo abierto la alerta disminuye, porque hay más visibilidad y porque entonces las cuatro ametralladoras de los Vantac tienen un campo de fuego diáfano. «Oye, ¿no sabrás lo que hizo el otro día mi equipo?», pregunta uno de los militares. Hablamos de fútbol y de los incendios que sacuden España. Y poco de accidentes de helicóptero, de compañeros caídos y de políticos que allá en casa se tiran a la cara la sangre de los muertos. Sólo rompemos ese silencio para comentar la reacción de los integrantes del segundo helicóptero, cuando supieron responder al accidente, sacar a los heridos del aparato y asegurar el perímetro de la zona aún cuando algunos estaban heridos. Sólo el sargento, que tiene dos hijos, se sale un poco del guión y, con un amago de amargura, cuenta: «A veces creo que allí en España no entienden lo que hacemos. No entienden lo que es pasar aquí unos meses alejado de tu familia, pasando incomodidades. No entienden que estamos aquí para ayudar a esta gente».

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