Los errores del president disgustan a amplios sectores del partido y a miembros del Gobierno
El PSOE espera que Maragall no sea candidato a la reelección
Los socialistas creen que CiU ganará en el 2007 y piensan en Montilla para formar una alianza

Pasqual Maragall durante una cata, en una imagen de archivo
El PSOE confía en que Pasqual Maragall no repita como candidato del Partit dels Socialistes de Catalunya en las próximas elecciones autonómicas. Amplios sectores de la ejecutiva federal, así como miembros del Gobierno, dan por hecho que el presidente de la Generalitat no se presentará a la reelección en los comicios de 2007 y basan su creencia en que los errores cometidos en estos dos años largos de mandato harán que el PSC se plantee una alternativa. Los socialistas catalanes, sin negar su malestar por algunos actos de su líder, guardan un prudente silencio. José Luis Rodríguez Zapatero dio una pista del pensamiento muy extendido en el PSOE sobre la continuidad de Maragall cuando en la entrevista concedida el pasado jueves a la cadena de televisión Cuatro mostró un desapasionado entusiasmo por la reelección del presidente de la Generalitat. «El PSC no entendería que me pronunciara sobre esa cuestión», vino a decir el jefe del Ejecutivo. Una cautela justificada porque se trata de dos partidos distintos, pero que permitió comprobar la frialdad de su respaldo. Así lo interpretaron integrantes de la dirección del PSOE y también miembros del Ejecutivo, molestos, e incluso irritados, desde hace tiempo por las actitudes de Maragall y, sobre todo, por la «desastrosa» gestión, según numerosas fuentes socialistas, de la reforma estatutaria. Motivo de roces El sesgo nacionalista del presidente de la Generalitat es motivo habitual de roces con otros barones, en especial con el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, pero también con otros líderes, como el secretario general del PSE, Patxi López, más proclives a comprender al presidente catalán. Maragall sugirió en abril pasado al líder de los socialistas vascos que pactara con el PNV, y este viernes se descolgó con un supuesto acuerdo del PSE con los nacionalistas sobre el derecho de autodeterminación, que López tuvo que desmentir. Otro indicio de que Rodríguez Zapatero no está conforme con Maragall surgió en la reunión que mantuvo el pasado sábado con el líder de CiU, Artur Mas, quien en un momento de la larga conversación comentó que en las próximas elecciones autonómicas sería bueno que se respetase el principio de «el que gana, gana». El presidente del Gobierno, dicen fuentes de La Moncloa, guardó silencio. En los comicios de 2003, CiU ganó en escaños, pero el PSC pactó la Generalitat con Esquerra Republica e Iniciativa. Posteriores manifestaciones del jefe del Ejecutivo autonómico en defensa de que Cataluña es una nación y como tal debería figurar en el Estatut, pese a que existía un acuerdo con CiU para incluir una definición descafeinada, volvieron a causar desazón en el Gobierno y en el PSOE. La gestión de Maragall, además, se ha visto eclipsada por el debate estatutario que él mismo impulsó, y cuando no ha sido así el resultado tampoco ha sido halagador para la socialistas. Ocurrió en la crisis del Carmel, cuando destapó una acusación por corrupción de CiU en las inversiones públicas cuando gobernaba, imputación que tuvo que retirar de forma apresurada ante la amenaza de los nacionalistas. Relevo natural La idea de prescindir de Maragall en las próximas elecciones autonómicas también está presente en amplios sectores del PSC, aunque no se haga de forma pública. El que podría ser el relevo natural, el primer secretario del partido, el ministro José Montilla, tiene «una buena imagen», pero «no mucho tirón» electoral, afirman dirigentes del PSC. Unas dudas que para los socialistas partidarios del cambio son irrelevantes porque consideran que en las próximas elecciones catalanas ganará CiU y Mas será el próximo presidente de la Generalitat. De lo que se trata en ese escenario, dicen fuentes de la ejecutiva federal, es gobernar en alianza con los nacionalistas y para eso sólo se requiere un buen candidato para ser primer consejero del Gobierno autonómico, un papel para el que Montilla da el perfil.