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Pasión a lo Berlusconi

Zaplana no quiere cambiar su forma de hacer oposición
Es probable que José Bono, al planificar su salida del Gobierno y su repercusión mediática, no contara con la capacidad de Silvio Berlusconi para crear espectáculo. Literalmente desapareció de escena el político manchego, al que nunca se debe dar por amortizado porque es de auténtica raza, en cuanto comenzó la comedia de enredo electoral en Italia. Un país en el que la creatividad no se limita a las artes y al diseño de envases para empaquetar productos foráneos, que venden después como propios, tales como el aceite andaluz, el cuero de Igualada, el granito de Porriño, etc. La capacidad artística entra de lleno también en el campo de la política y así, en la campaña electoral, Berlusconi dijo a los italianos que durante su mandato la esperanza de vida de sus conciudadanos creció siete años, acercándose a los ochenta, y que si lo votaban llegaría cerca de los cien. Ya le ha recordado la prensa italiana que Benito Musolini se atribuía que los italianos crecieron tres centímetros como talla media bajo su égida. Y para ridiculizarlos, al uno y al otro, a Berlusconi y a Musolini, algún periódico ha desempolvado la placa que se exhibe en una pequeña localidad cercana Brescia y que reza así: «El 21 de Julio de 1969, siendo alcalde de este municipio don Francesco Vicenza, por primera vez en su historia, el hombre puso un pie en la Luna». Todo un nivel. Lenta digestión Pero espectáculo al margen, la pataleta berlusconiana ha estremecido a la clase política española porque todo el mundo se imagina lo que sería esto en un eventual empate electoral PSOE-PP con 25.000 votos de diferencia y unos cientos más desparramados en una papelera. Dios nos libre de semejante calvario. Exactamente igual no sería, porque nadie imagina a Zapatero o a Rajoy recomendándole a su madre, a primera hora, desde el colegio electoral, lo que hay que votar, como hizo don Silvio consciente de que debía movilizar in extremis a unas veinticinco mil madres para empatar. Pero si han pasado 25 meses desde el 14 de marzo del 2004 y la digestión por la derrota todavía sigue sin concluir, un resultado tan ajustado podría llevar años de penitencia. Poco habitual Lo vivido esta semana en España ha sido poco habitual. Suele haber un cierto respeto político en estas fechas al protagonismo de la Iglesia católica, con sus procesiones y celebraciones varias, aunque la religiosidad estricto senso sea discutible a la vista de las tres toneladas de cáscaras de pipas que aseguran haber recogido del suelo los servicios de limpieza municipal de Sevilla después de horas y horas de cortejos y aglomeraciones. Frente al recogimiento noticioso de otras celebraciones anteriores de la Semana Santa ya existían algunas perturbaciones preparatorias a cuenta del fútbol. Primero porque la final de la Copa del Rey entre el Español y el Zaragoza se fijó para el Miércoles Santo, lo que no suele ser habitual. Pero lo insólito era el partido de Liga que afectaba al Barcelona y al Villareal, en España, y al Milán en Italia, el mismísimo Viernes Santo. El cardenal Toneti lo consideró poco menos que una blasfemia pero las federaciones no se dieron por enteradas y se jugaron los partidos. Pero la prensa del Domingo de Ramos alteró todavía más los planes con el besuqueo apasionado del concejal popular de Ourense y su pareja, casados por el alcalde Manuel Cabezas, en presencia del poderoso presidente de la Diputación José Luis Baltar y del flamante sucesor de Fraga, Alberto Núñez Feijoo. En Galicia saben bien la que se lió, con protesta del obispo de Orense, en cabeza, pero quizás se sepa menos que la fotografía dio la vuelta a Europa. Hasta le quitó espacio al show de Berlusconi como se puede ver en el mismísimo Corriere della Sera . No se pierdan el comentario: los italianos están estupefactos y no sólo porque se trate de representantes electos del partido conservador los contrayentes y de destacados dirigentes los invitados, sino porque ellos van algunos años por detrás. «Hay que pensar que en Italia todavía están discutiendo la uniones matrimoniales sin vínculo jurídico, uniones por supuesto heterosexuales. Para las homosexuales faltan quizás años», comenta Amelia Merino, abogada española que reside temporalmente en Roma. Con ese cuadro nadie podrá negar a los contrayentes su capacidad mediática para colocar a Orense en el mapa internacional, lejos de la atonía habitual. A partir de mañana, repuestas las fuerzas, comienza el último trimestre del curso político. Se presume menos alterado, sencillamente porque el Estatuto catalán ya se hizo la cirugía constitucional, porque el comunicado de la tregua permanente de ETA ya apareció y ahora el proceso será lento, porque el inaplazable cambio de Gobierno ya se produjo, al menos parcialmente, y porque se tiene la sensación de que la crispación sobre la crispación ya tocó techo y el souflé remite, al menos temporalmente. Rajoy y la cruz En estos días incluso corrió el rumor de que Eduardo Zaplana dejaría la portavocía popular en el Congreso a favor de Arístegui. No se ha confirmado pero él mismo había dado pie al comentario por algunas declaraciones suyas en las ruedas de prensa que ofrece a los periodistas parlamentarios. Frases del orden de «yo hago oposición así y si no quieren que hable, que me lo digan», etc. están en la base de ese rumor. Pero la sede de la calle Génova esta tranquila esta Semana Santa, aunque nunca se sabe si la procesión va por dentro. Lo que parece fuera de duda es que Mariano Rajoy sigue con la cruz a cuestas.