La doble vida de la «Reme»
La presunta asesina trabajaba desde hace más de dos años en un bar regentado por emigrantes gallegos, donde era muy apreciada
«Ahora estaría tomando un café tranquilamente sentada en una de esas mesas, como hacía siempre», afirma Maruja, la dueña del bar para el que trabajaba Remedios Sánchez, la presunta asesina en serie detenida el pasado martes en Barcelona. Como Remedios, Maruja y su marido Jaime también son gallegos, de Pedrafita do Cebreiro (Lugo). Precisamente, llamaron Cebreiro al bar que tienen en mitad de la calle Balmes, una de las más céntricas del barrio del Eixample y desde la que quedan muy cerca la mayoría de los domicilios de las víctimas encontradas en las últimas tres semanas. Ni sus jefes, ni sus compañeros de trabajo, ni los clientes del bar daban crédito a lo que escucharon en las noticias la mañana de ayer: la Reme acusada de asesinato. «Era una persona buenísima, muy maja, en la vida lo hubiera pensado. Era muy equilibrada y tranquila. Podías hablar con ella de cualquier cosa. Cuando Jaime me enseñó su foto en el periódico pensé que se habían equivocado», afirma Sandra, una joven clienta que trabaja en una agencia de viajes cercana y que frecuenta el bar dos o tres veces al día. Sandra estaba sorprendida pero a Maruja la noticia la había destrozado. Ante las preguntas de los curiosos defendía a su cocinera a capa y espada llena de entereza: «Era la trabajadora más noble que he tenido en los 35 años que llevo en la hostelería. Nunca le pesó la faena, nunca tuvo un mal gesto en estos dos años y medio». Pero cuando las clientas de toda la vida se acercaban para darle dos besos y ofrecerle su consuelo se desmoronaba no pudiendo contener las lágrimas. «No he tenido una bronca con ella, nunca tenía prisa por salir, si podía hacer dos cosas, hacía tres. No lo entiendo. Ojalá fuera mentira». No era la única. Según cuenta su marido, alguna de sus clientas tampoco pudo esconder su tristeza y su incomprensión. «Era amiga de todos», afirma, «incluso, los mossos de la comisaría de aquí al lado la querían un montón». Familia numerosa Remedios Sánchez abandonó Cristovo de Dormeá, en Boimorto, cuando tenía dieciséis años de edad. Era miembro de una familia numerosa con una situación muy precaria y que eran muy queridos en el lugar. Se trasladó a Barcelo-na, se casó y tuvo dos hijos gemelos. Hace cuatro o cinco años, según relató la propia Remedios al dueño del bar Cebreiro, cuando sus hijos tenían unos 20 años, se separó y los chicos se quedaron con el padre. Tuvo una relación con otro hombre, tras la que se vio obligada a vivir en una casa de acogida. «Ella venía como clienta a otro bar que tenía en el Eixample», recuerda Jaime, «y allí me contaba sus penas. En una ocasión me pidió trabajo para una amiga suya árabe y poco después me lo pidió para ella. La contraté».