Una veintena de penados han pasado por el programa ensayado en la prisión leonesa
Voluntarios en tercer grado
Presos que terminan su condena en el CIS de León ayudan a organizaciones sociales Crónica:

Una veintena de presos que terminan su condena en el Centro de Inserción Social (CIS) de León han participado en los últimos tres años en un programa pionero de voluntariado que hace de puente entre el régimen penitenciario y la sociedad. El novedoso plan permite a los internos participar en la labor asistencial de organizaciones sociales de la capital, como Cruz Roja, Cáritas y la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer. El perfil de estos voluntarios en tercer grado es el de un hombre de mediana edad que en su mayoría han tenido alguna experiencia en trato con personas que precisan cuidados y, por diferentes motivos como la edad o su lugar de residencia, no trabajan en León. El centro de día de la asociación de alzhéimer en el CHF, antiguo colegio de huérfanos ferroviarios, es uno de los puntos que más voluntariado ha recibido del CIS. La escasa distancia que separa a ambos recintos es una ventaja para la administración penitenciaria y también para la asociación. José María y Alfredo son dos de los voluntarios que han llegado a la asociación en los últimos meses. Están a punto de terminar su condena, una larga, de quince años y la otra más corta -estuvo cuatro meses en Mansilla y desde julio en el CIS del paseo del Parque- pero no por ello menos dura. La misión de Alfredo es acompañar a los enfermos que llegan al centro de día en el transporte adaptado de la asociación. Les da los buenos días y las buenas tardes, ajusta sus cinturones de seguridad y los anclajes. Les sonríe, aunque muchas veces se topa con las miradas del olvido. José María tiene un trabajo muy especial. Cada mañana cuando llega al centro, detrás de la puerta de cristal cerrada con llave le espera impaciente Felipe para salir a la calle. «Èl quiere marchar para casa y yo le digo que tengo unas farias en el coche para quitarle a la idea», señala este preso que lleva tres años en régimen abierto y llegó al CIS de León en verano. La confianza es una de las bases del trabajo. «Yo digo que me marcho con Felipe y nadie pregunta nada». Los dos juntos recorren las calles hasta La Corredera, entran en el bar, fuman la faria y a los diez minutos Felipe pregunta de nuevo por el tabaco. «No es dócil, es médico y siempre ha sido una persona independiente, así que su obsesión permanente es salir del centro». A la hora y media regresan al recinto para comer. José María sólo tiene que dar unos pasos más para sentarse a la mesa en el comedor del CIS Jesús Haddad, en el que viven (la mayoría sólo duermen) casi un centenar de presos en tercer grado. «Cuando me propusieron venir aquí me sonó bien porque soy una persona de mucho corazón», apostilla. Alfredo y José María tienen pocas cosas en común, pero en la asociación de alzhéimer ambos se sienten útiles y reconocen que el contacto con las personas a las que pierden la memoria e incluso la movilidad debido de la enfermedad, es todo un proceso de aprendizaje. «Ve uno cosas que se le quedan grabadas», señala Alfredo. Y, sobre todo, se aprende que el cuidado de las personas con alzhéimer es mucho más que ayudarles a moverse en una silla de ruedas, en los casos más graves. La tarea del transporte implica «colocarles en el asiento, sentarles cómodos y estar atentos». A cambio, percibe que «ellos reciben muy bien la ayuda». Y le da seguridad ver cómo trabajan los profesionales que están al cargo de la asociación. «He aprendido porque la gente que trabaja aquí en muy buena», alega el interno. Admira tanto su labor que ha pensado que «si alguna vez salgo -y saldrá pronto- y tengo un centro cerca de donde viva, no dudaré en colaborar», asegura. Alfredo se reconoce «impresionado» por la enfermedad; «veo a muchas personas al borde de no moverse y que necesitan mucho apoyo y cuidado», añade. Acaba de jubilarse y el voluntariado ha sido una tabla de salvación porque «lo único que busco es estar ocupado. Estar en el CIS sin hacer nada en todo este tiempo me hubiera sentido un objeto inservible», confiesa. «Aquí confían en mí. Digo que marcho con Felipe y nadie me pregunta nada» JOSÉ MARÍA Preso voluntario en AFA León «Lo único que busco es estar ocupado. En el CIS sin hacer nada me sentiría inservible» ALFREDO Preso voluntario en AFA León «Les damos la opción de conocer otra realidad social, sentirse útiles y ser valorados por su labor» EVA GÓMEZ Coordinadora de voluntariado «Hay que sensibilizar a los internos de que deben poner parte de su trabajo y su estímulo al servicio de la sociedad» ROBERTO GARCÍA, coordinador de Servicios Sociales en el CIS de León