Diario de León

Muyahidines bien instruidos

La carga probatoria contra ellos es abundante, aunque desigual. Son los únicos acusados como autores materiales que siguen vivos e insisten en negar su relación con la masacre

Zeinab Wali, madre de El Egipcio, posa con un retrato de éste en el interior de su casa en  Aziziya

Zeinab Wali, madre de El Egipcio, posa con un retrato de éste en el interior de su casa en Aziziya

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Julio Á. Fariñas - redacción | madrid
León

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Comerciantes, guardas de seguridad, atletas, personas aparentemente normales que por las mañanas iban a sus ocupaciones normales, por las noches al gimnasio y los viernes a rezar a las mezqui-tas. Esta es la imagen que de sí mismos están vendiendo los tres presuntos muyahidines que sobrevivieron a la masacre del 11-M y que ayer declararon. Jamal Zougam, Basel Ghal-youn, y Abdelmajid Bouchar, tienen un perfil bien diferente al de El Egipcio, Belhadj y El Haskin, los presuntos cerebros de los atentados. Los tres que ayer declararon llevan años residiendo en España de forma legal, hablan y entienden bastante bien el español y se consideran musulmanes «normales», por eso dicen no entender por qué han sido detenidos. Sí coin-ciden con sus líderes en que están bien instruidos en cómo negarlo todo y en que son muy ilustrados en el conocimiento del sumario. Evidencias e indicios Pero hay abundantes evidencias e indicios en la causa que apuntan a que no son tan normales como dicen. A Zougam lo han identificado cuatro personas diferentes como uno de los viajeros del tren que explotó en Santa Eugenia. También está demostrado que la tarjeta telefónica que apareció en la mochila que no explotó procede de su tienda ubicada en el número 17 de la calle Tribulete. El no lo niega, sólo alega que las vendió su socio. Su principal esperanza radica en que no aparecieron rastros genéticos suyos en los escenarios vinculados a los atentados. Más crudo lo tiene el sirio Basel Ghalyoun. Una super-viviente de la masacre que resultó herida lo vio con una bolsa que luego estalló dentro del tren que explotó en la calle Téllez. Entre los escombros del piso de Leganés donde se inmolaron el resto de los muyahidines aparecieron un terminal telefónico suyo y un gorro blanco con su perfil gené-tico. Por si todo ello fuera poco, El Egipcio se refiere a él en una conversación intervenida como «su queridísimo amigo y miem-bro del grupo». Para rebatir a todas esas evidencias, de poco le sirvió el voluminoso taco de folios en el que llevaba escritas las respuestas a las preguntas más comprometedoras. En una parecida situación se encuentra Abdelmajid Bouchar, también conocido por el apodo de El Gamo, que dice dedicarse al atletismo e incluso aspiraba a una medalla de oro olímpica como corredor de media dis-tancia. Aunque ahora lo niega, bajó a tirar la basura del piso de Leganés y cuando se percató de la presencia de la policía, avisó a sus compañeros a gritos -en árabe- y salió huyendo. El policía que intentó alcanzarle, obviamente, no lo consiguió, pero en unos huesos de dátil recogidos en la basura que iba a tirar apareció su perfil genético. Ghalyoun, uno de los supuestos autores materiales del 11-M, pidió permiso para tapar con documentos las «lagunas» de su memoria. Es un procedimiento irregular previsto en principio sólo para testigos y peritos, pero el presidente del tribunal accedió para evitar posibles quejas por indefensión. Gracias a esos papeles, Ghalyoun leyó sus respuestas y contestó con altanería a la fiscal.

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