| Crónica | Seis horas en doce metros |
«Intentamos no perdernos de vista ni un momento»
La experiencia de los empleados más veteranos del banco, ya acostumbrados a los atracos, alivió la tarde de espera en un reducido habitáculo del sótano

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«Ojalá hubieran tardado menos en sacarles del banco, pero creo que ha sido más prudente hacerlo así» JESÚS MARÍA LÓPEZ DE URIBE, portavoz de las familias «Intentamos no perdernos de vista ni un solo momento y estar tranquilos para que no ocurriera nada», relataba ayer por la noche a sus más allegados uno de los cuatro empleados de la sucursal saqueada. Tras la tensión vivida durante casi seis horas, recordaba los momentos que pasó junto a sus compañeros en un habitáculo de unos doce metros cuadrados donde no pudieron «ni comer, ni fumar», bromeaba. Aún sorprendidos por el despligue policial y mediático e intentando recuperar la normalidad, parte de las víctimas de este atraco narraban lo sucedido. «Nos quitaron los móviles y nos fueron bajando uno a uno hasta el sótano». Allí estuvieron casi seis horas. Su experiencia -uno de ellos padeció un atraco exactamente igual hace doce años en la misma sede y otro lleva ya cuatro saqueos- les tranquilizó al pensar que les encontraría la empleada de la limpieza por la tarde, como ya había ocurrido en otros robos. Entretanto, no dejababan de escuchar el timbre de sus móviles en la planta superior. Alrededor de las siete y veinte de la tarde escucharon un fuerte ruido y a gente hablar. Pensaron que era la limpiadora, pero el emisor de láser de las armas de asalto utilizadas por los Geo les advirtió de su presencia, a la que uno de ellos respondió gritando: «¡Somos nosotros, los del banco!». Pero el ánimo de los empleados del banco a última hora del día no pudo borrar los momentos de tensión que se vivieron en la calle durante su encierro. Las llamadas entre móviles se sucedieron. «No se sabe nada», le contaban a la esposa de uno de los empleados a las cinco de la tarde. Diez minutos después, el móvil volvía a sonar para recibir la misma noticia. Y así docenas de veces. «Lo que temo es que los atracadores se hayan puesto nerviosos y les hayan hecho algo malo», se lamentaba la mujer sin perder de vista ni un momento la puerta del Deutsche Bank. Al mismo tiempo que consideraba «innecesaria» tanta presencia policial, recordaba apenada que la caja fuerte del banco «es muy fría». «¡Pobres!», repetía. Ganchillo y tertulias En la calle, la gente permaneció al sol durante horas arremolinada tras un cordón policial que blindó el centro de la capital entre La Inmaculada y Santo Domingo. La llegada de los agentes especiales y la inminencia de su asalto al banco extendió aún más el área de seguridad. Entretanto, muchos curiosos siguieron desde sus balcones el suceso, desde ancianas haciendo ganchillo en la ventana hasta tertulias improvisadas en las terrazas. Eso sin contar los empleados de las tiendas del entorno del banco, a los que se brindó una tarde de paro total ante la imposibilidad de abrir sus negocios. El portavoz de los familiares de los empleados, el periodista Jesús María López de Uribe, declaró que «ojalá hubieran tardado menos en sacarles del banco, pero creo que ha sido más prudente hacerlo así», por lo que quiso manifiestar el agradecimiento a todos los efectivos policiales que participaron en el rescate de los empleados. Asimismo, en nombre de las cuatro familias, agradeció la atención prestada por los ciudadanos y por las principales autoridades, especialmente al subdelegado del Gobierno en León, Francisco Álvarez, quien se mantuvo en todo momento junto a las familias.