Diario de León

La edad media de los sacerdotes leoneses está ya por encima de los 63 años y el retiro no les llega hasta los 75

La mitad de los curas en activo tienen que ejercer con pensiones de jubilación

En la diócesis sólo hay cuatro jóvenes de menos de 30 años entre 343 en nómina

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Antonio Núñez - león
León

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Vivir como un cura en los tiempos que corren no es fácil, aunque cunde mucho. Bastante más de mitad de los 343 sacerdotes censados en diócesis de León siguen diciendo misa y oficiando bodas, bautizos y entierros mientras cobran una exigua pensión de la Seguridad Social, no porque no quieran retirarse del oficio, sino porque faltan otros que les sustituyan. Aparte de las reconversiones minera y agraria, seguramente la mayor reconversión de la provincia durante las últimas décadas ha sido la del clero cuya edad media se sitúa ya en 63,4 años con tendencia a bajar en número y subir en edad y canas. La última guía de la diócesis de León cifra en 373 curas el censo de los vivos, aunque muchos de ellos lo hacen a duras penas, de modo que la pirámide de población es, más bien, inestable: por abajo sólo hay cuatro sacerdotes de menos de 30 años, doce de hasta 40 y una veintena de ahí a menos de 50, otros 37 más hasta la sesentena y, a partir de ahí, las estadísticas se disparan: 92 hasta los 70 años y 131 hasta llegar a los 80. Para los amantes de este tipo de estadísticas está la anécdota de que más de una décima parte de ellos superan esta barrera de edad y ahora mismo hay siete que están entre 90 y 100 años. Según el director de la residencia para sacerdotes de la tercera edad de León, Gregorio González, la gente a menudo se asombra del envejecimiento del cura de su pueblo o barrio, algo que, sin embargo, tiene asimilado el obispado desde mucho tiempo atrás. O, por lo menos, desde hace un par de décadas largas. En 1990, por ejemplo, había en la diócesis de León 464 curas, nada comparable a medio siglo antes, que bajaron a 343 el año pasado, con una edad media que siguío una tendencia al alza inversamente proporcional: de 53 a casi 64 años, contando los muchos viejos y los pocos jóvenes. La tendencia parece irreversible, así que la Iglesia ha optado por subir la edad de jubilación de sus párrocos hasta los 75 años, en contraste con los 65 que, como mucho, trabajan sus feligreses. Pensionistas en activo Con la actual horquilla de edades en el clero superviviente no ha quedado más remedio, según Gregorio González, que prolongar la vida activa de los curas hasta los 75 años, aunque cobren pensiones de jubilación de la Seguridad Social en, por lo menos, la mitad de los casos. «Por lo demás, son las mínimas, de una media de 400 euros que complementa luego el Obispado hasta llegar a una media de cien mil de las viejas pesetas y, cuando por fín ya se retiran definitivamente, unos van a vivir con sus familias y otros a residencias sacerdotales, aunque casi todo el mundo prefiere volver al pueblo». Ironizando sobre lo prolongado de la vida profesional en relación con el resto de la gente, el director de la residencia de León dice que hasta ahora no ha tenido denuncias de la inspección de trabajo, porque este es un oficio para el que ya se ofrece poca gente. De acuerdo con las mismas fuentes, la situación de la diócesis leonesa no es diferente a las del resto de España, salvo, paradójicamente grandes ciudades como Madrid, en las que empiezan a repuntar ahora vocaciones tardías. No hay ninguna razón que lo explique o que concuerde con la mentalidad de las áreas urbanas, pero desde León se limitan a dejar constancia de ello. Algunas órdenes religiosas, especialmente de monjas, están instalando en conventos leoneses comunidades importadas de América, como en Fontanil de los Oteros, donde monjas franciscanas de Jalisco (Méjico) dirigen una residencia de ancianos. «Paradójicamente sólo en las grandes ciudades, como Madrid, vuelven a repuntar las vocaciones tardías» GREGORIO FERNÁNDEZ , director de la residencia de sacerdotes jubilados

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