Diario de León

«Si ahora hay algo, que es poco, viene de la carretera»

Los negocios que viven de la N-601 temen que la A-60 les lleve a la ruina, mientras que opiniones contrapuestas aseguran que favorecerá un nuevo corredor industrial

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Firma M. Romero - dataleón / valladolid
León

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Texto «El trabajo es lo que levanta a un pueblo, por eso la autovía será positiva. Muchas empresas que quieran suelo barato para instalarse van a poder hacerlo en estos pueblos porque, por fin, van a estar comunicados», aventura Carlos Rascón, trabajador de una de las gasolineras situadas en el trazado de la nacional 601 entre León y Valladolid, cuando habla de las posibilidades que abrirá la demandada autovía para estas comarcas. Actividad estrangulada Aunque ésta es la percepción general, no todos están de acuerdo. Un somero sondeo por los negocios de la carretera que une ambas capitales revela posturas enfrentadas. Quienes viven directamente de la carretera -se pueden contar restaurantes y bares a pares, sin mencionar los numerosos clubes de alterne- temen que la autovía estrangule aún más la actividad en unos pueblos casi acabados, algunos de ellos importantes cabeceras como Mansilla, Puente Villarente, Mayorga o Medina de Rioseco que no son ni la sombra de lo que fueron hace no más de 20 años. El paradigma está en Medina, localidad enclavada a 102 kilómetros de León y a 42 de Valladolid. Quedan dos fundiciones, una fábrica de piezas para Renault y el polígono industrial del Alto de San Juan, pero «hay muy poco trabajo». La inexistencia de una vía rápida bloquea el desarrollo de estos municipios medios, por lo que no son pocos los que creen que la nueva autovía vertebrará un nuevo eje industrial. De hecho, desde la Administración se vende que la conexión con Valladolid puede integrar a León en el área industrial más importante de Castilla y León, concentrada hasta ahora en las provincias de Valladolid, Palencia y Burgos. Escaparate perdido Son muchos los negocios que tienen en la actual nacional su mejor canal de distribución. Es el caso de los hermanos Jiménez, con varias tiendas de antigüedades a lo largo del trazado. Llevan nueve años viviendo de los conductores que paran en sus almacenes, por lo que temen que la desviación del tráfico hacia la autovía una vez que esté construida les lleve a la ruina. «Es desesperante. La gente que tenemos negocios por aquí nos preguntamos lo que pasará, porque en principio se hablaba de siete u ocho años pero ahora ya leemos en los periódicos que la autovía se hará mucho antes. Desde luego los pueblos caerán totalmente, y más los que trabajan de la carretera», aventura Jesús Jiménez. Más que Mansilla, cuyos negocios se encuentran en la antigua travesía, uno de los grandes perjudicados en León será Puente Villarente, con un modesto comercio local que vive principalmente de los conductores y un importante sector hostelero orientado a los clientes de paso. «La autovía nos machacará, vaya por donde vaya, porque si ahora hay algo, que ya es poco, viene de la carretera», explica el propietario de uno de los bares. No le falta razón porque con la autovía ya operativa, dejarán de pasar frente a su establecimiento más de 14.000 vehículos cada día. El ejemplo está en la vieja carretera a Benavente.

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