Diario de León

| Crónica | Vuelve el tiro en la nuca |

La legislatura más crispada

Un asesinato pone punto final a la legislatura del diálogo con ETA y confirma que los «posibilistas» están totalmente condenados dentro de la banda terrorista

Compañeros y amigos de Isaías Carrasco, lamentan su fallecimiento en el hospital de Mondragón

Compañeros y amigos de Isaías Carrasco, lamentan su fallecimiento en el hospital de Mondragón

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R. Gorriarán - madrid
León

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José Manuel Durao | Comisión Europea «Deseo mostrar la solidaridad de la Comisión Europea con los ciudadanos y las instituciones españolas en la lucha contra el terrorismo» Martin Schulz | Parlamento Europeo «Ante este acto cobarde y miserable de los terroristas, el pueblo español volverá, una vez más, a mostrar su gran madurez y valentía» Lluís María de Puig | Consejo de Europa «Quien busque desestabilizar las instituciones democráticas en España y piense así influir en el resultado de las elecciones se equivoca» La legislatura comenzó sobre los restos aún calientes de los atentado del 11 de marzo y va a terminar con el cadáver de Isaías Carrasco Miguel velado en Mondragón. Es el macabro punto final a cuatro años marcados por el diálogo del Gobierno con ETA, unas conversaciones que los socialistas, con el aliento nacionalista, defendieron a capa y espada, pero que para el PP no fueron más que estulticia política. Esta divergencia se mantuvo, y agudizó, en la campaña, cerrada este viernes por defunción. ETA ha pasado la página, ha dejado sin sentido la polémica sobre el diálogo con los enviados gubernamentales tanto en un lado como en otro. Los posibilistas dentro de la organización terrorista, si ya estaban derrotados, ahora se han visto condenados al limbo más absoluto. El enfrentamiento por el diálogo con ETA ha consumido buena parte de las energías políticas de PSOE y PP esta legislatura. Ha motivado decenas de preguntas e interpelaciones en el Congreso del partido opositor a miembros del Ejecutivo, y se convocaron hasta siete manifestaciones, todas secundadas por el PP, para exigir la rectificación de la política antiterrorista. El final de los contactos y la ruptura de la tregua, oficializada por los terroristas el 5 de junio aunque rota de facto desde el atentado de la T-4, no acabó con la controversia, pese a que ETA ya había mostrado sin careta sus intenciones de matar. La primera vez que lo intentó fue el 9 de octubre, cuando Gabriel Ginés, escolta de un concejal socialista, sufrió quemaduras graves al estallar una bomba lapa en la parte trasera de su vehículo. Los terroristas trataron de matar otra vez el 11 de noviembre, cuando colocaron una bomba-trampa en las cercanías de los juzgados de la localidad vizcaína de Getxo. El objetivo eran agentes de la Ertzaintza. Volvieron a utilizar el mismo sistema y contra el mismo objetivo el 23 de febrero con otro artefacto de cuatro kilos de explosivo en un repetidor de televisión situado en un monte en las cercanías de Bilbao. El intento que pudo ser más sanguinario, aunque también fracasó, fue el frustrado plan de colocar antes de las elecciones un potente coche-bomba en la zona de Azca, en Madrid, un concurrido centro comercial y de negocios en el corazón financiero de la capital. El ex concejal del Partido Socialista de Euskadi, ahora cobrador de peaje en la autopista A-1, se ha convertido en la primera víctima buscada de los terroristas. Cierto es que ETA voló el 30 de diciembre de 2006 el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas, donde murieron los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, pero no eran el objetivo. Cierto es que ETA mató el 1 de diciembre en la localidad francesa de Capbreton a dos guardias civiles, pero no fue una emboscada ni una acción premeditada. El asesinato de Isaías Carrasco, en cambio, fue buscado, premeditado y a traición. Que la organización terrorista iba a intentar matar antes de las elecciones era cosa sabida. Que la militancia socialista estaba en el punto de mira ya lo había anunciado ETA en un comunicado. Los responsables de las fuerzas de Seguridad repitieron el aviso por activa y pasiva en cuantas ocasiones han tenido a lo largo de la campaña. La cercanía de los comicios y los golpes policiales a ETA hicieron aflorar el espejismo de que, al final, no iba a pasar nada.

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