La niña de Rajoy se llamaba Soraya
Soraya Sáenz de Santamaría nació a la política en junio de 2004, con sólo 33 años, cuando Rodrigo Rato renunció a su escaño para convertirse en gerente del Fondo Monetario Internacional. Corrió la lista y la joven abogada del Estado entró en el Congreso. Ni siquiera ocupaba un puesto de salida en el PP, pero figurar en el número 19 de la lista por Madrid le pareció un lujo porque no pasaba de ser una asesora del aspirante a La Moncloa. Licenciada en Derecho por la Universidad de Valladolid, donde nació hace 37 años, premio extraordinario fin de carrera y abogada del Estado, ejercía como jefe de los servicios jurídicos del Estado en León en el 2000 cuando un amigo le pidió el currículum para optar a un puesto en el gabinete de la Vicepresidencia Primera del Gobierno. Rajoy la eligió por su brillante expediente académico y ella le sirvió con eficacia, brillantez, dedicación y una lealtad a prueba de bombas. Como secretaría de Política Municipal y Autonómica, la jovencísima diputada tenía que lidiar con los poderes fácticos del partido, pesos pesados como los alcaldes de Madrid o Valencia, o como los presidentes de Baleares y Galicia. Precisamente, con Fraga tuvo su primer lance cuando el anciano la trató con displicencia y se resistió a obedecer las consignas que le transmitía para boicotear la primera Conferencia de Presidentes organizada por el PSOE. En el Parlamento, resultó una ayuda inestimable para Rajoy y fue puntal en la reforma de los estatutos de autonomía que pactaron los populares con los socialistas. En cuatro años se ha hecho un hueco en los medios de comunicación como la nueva cara del PP. Trabajadora infatigable, se gana el respeto con su sólida formación y aseguran que con su capacidad de aprendizaje superarará la inexperiencia.