Diario de León

| Transcantábrico | Un crucero por la cordillera |

El norte viaja sobre raíles

Los espléndidos paisajes que flanquean el paso de un tren concebido en su día para el carbón se convirtieron en su mejor aliado

El tortuoso trazado del Transcantábrico permite adentrarse en zonas de extraordinario valor paisajís

El tortuoso trazado del Transcantábrico permite adentrarse en zonas de extraordinario valor paisajís

Publicado por
Vicente Pueyo
León

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Un cuarto de siglo. Se dice pronto pero en algunas empresas humanas llegar a esas efemérides ronda el milagro. Y más milagroso, si cabe, es llegar a esa altura con proyectos y optimismo en tiempos de crisis. Es el caso del Transcantábrico, ese crucero turístico sobre raíles que Feve mima como un producto estrella y singular donde los haya. Feve está celebrando los 25 años del Transcantábrico con una serie de iniciativas que recalaron ayer en León en forma de una exposición que recoge los momentos clave de esta singladura que se inició en 1983 gracias a la audacia de una serie de profesionales de la compañía, encabezados por su recién llegado presidente, Fernando de Esteban, y entre quienes figuraba también su actual director general, el leonés Amador Robles Tascón.

Todos ellos supieron creer en la viabilidad de un tren que recrease el ambiente nostálgico de los viajes en ferrocarril por el norte de España. Esos tiempos en los que viajar significaba mucho más que trasladarse de un punto a otro y el viaje en sí constituía un disfrute y una ocasión para la relación y la convivencia. El tortuoso trazado que diseñó Mariano Zuaznavar en 1890, y que respondía a las necesidades de una línea de tráfico eminentemente carbonero (el transporte de viajeros fue, en un principio, marginal), atraviesan parajes naturales de gran atractivo. Sin que en su concepción inicial el objetivo fuera ese, lo cierto es que se estaba diseñando una línea de extraordinarias potencialidades turísticas.

La ilusión que se generó en torno al insólito y atrevido proyecto del Transcantábrico (que pasó en un tiempo récord del sueño a la realidad) se convirtió en un ilusionante revulsivo para una compañía que, en aquellos años, atravesaba momentos de gran precariedad. Una siniestralidad lacerante, que costaba cada año no menos de 30 vidas, y un espíritu de empresa prácticamente inexistente, diseñaban una situación más bien calamitosa que sólo una feliz conjunción de ideas audaces y el tesón de un equipo entusiasta fue capaz de ir modificando. Los espléndidos paisajes que flanquean el paso del Transcantábrico, lujoso heredero del «viejo hullero» que alimentó durante muchos años con la sangre y con el carbón leoneses el área industrial de Bilbao, se convirtieron en el mejor aliado de un tren cuya vida discurre paralela a la de los pueblos y las gentes amparadas por la cordillera y el mar cantábricos.

La Estación de Feve en León acoge esta muestra con regusto a nostalgia pero que mira al futuro y que permitirá, a cuantos se acerquen, conocer con detalle la historia del que, hoy día, se ha consolidado como uno de los trenes turísticos más prestigiosos del mundo.

El escritor Juan Pedro Aparicio, con su libro

bautizó este proyecto, y el paisaje, la historia, el patrimonio y la gastronomía pusieron y ponen el marco a una iniciativa que lo único que tiene de estrecho es la vía por la que discurre. Desde el primer viaje del Transcantábrico con pasajeros entre León y Ferrol (en 1983) hasta el año 2007, que está subrayado como el mejor hasta el momento en toda la historia del tren turístico, se tiende un arco de trabajo, de coordinación y de esfuerzo que recoge sus frutos en una creciente aceptación nacional e internacional. Son ya casi cien mil viajeros -”más de la mitad extranjeros: mexicanos, alemanes, británicos, australianos, japoneses...-” los que, a lo largo de estos veinticinco años, han disfrutado del Transcantábrico; un tren que es un hotel rodante con habitaciones que disponen de todas las comodidades, que cuenta con una atención impecable, y que ofrece visitas a lugares de extraordinario interés histórico, cultural y paisajístico así como el disfrute de una de las gastronomías más variadas y suculentas del planeta.

La creciente demanda obligó a construir el Transcantábrico II, un hermano gemelo que se culminó en los talleres de Feve de Candás y con el que, desde la primavera del 2000, se duplicaba la oferta de plazas. Las sucesivas mejoras en los coches condujeron a que desde 2002 todos los compartimentos tuvieran carácter de suite con cama de matrimonio, un armario ropero, un minibar, un escritorio y un moderno cuarto de baño que incorpora ducha-hidromasaje. Llama la atención el ingenio de los diseñadores de estas lujosas suites para sacar el máximo partido a un espacio limitado y condicionado por las dimensiones del propio coche.

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