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Análisis | M. J. Muñiz

Las obras para el nuevo acceso al yacimiento de Cerredo permiten no sólo las ventajas de la utilización de maquinaria de obra pública, sino un impacto mucho menor en el medio ambiente. Aspecto que también se ha tenido en cuenta a la hora de diseñar las nuevas instalaciones de exterior, como una nave de 3.150 metros cuadrados donde se recibirá el carbón extraído, con el objetivo de evitar mayores impactos medioambientales.

Según la empresa, la utilización de maquinaria de grandes dimensiones permite primero un plazo de ejecución de la obra mucho menor. Incluida la ampliación del proyecto, será en total de algo más de tres años. Además, la sección del túnel y los ramales permite minimizar el transporte interno de carbón, ya que son camiones convencionales los que entran a cargar al túnel, y desde ahí se transporta directamente al lavadero.

También el desplazamiento del personal llevará menos tiempo, puesto que se realiza a través de vehículos hasta el final del túnel. «Entre otras ventajas el impacto medioambiental es menor, porque la totalidad de la actividad se centra en el interior de la mina, desapareciendo prácticamente la actividad de exterior», explica la empresa.

El nuevo acceso al yacimiento de Cerredo supone la reprofundización de dos nuevas plantas (segunda y tercera) por debajo del piso cero y la planta primera, que venía explotando con anterioridad a la integración en el grupo Alonso Hullas del Coto Cortés. A efectos de sociedades, aunque bajo el paraguas común del grupo del empresario leonés, la parte del yacimiento que ya se encontraba en explotación (del piso primero hacia arriba) y las concesiones ubicadas hacia el Este del nuevo acceso corresponderán a la empresa Coto Minero Cantábrico; mientras que Uminsa acometerá la vertiente Oeste del nuevo acceso al yacimiento. La línea de separación es la transversal de la primera planta.

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