Crónica | pacho rodríguez
El ministro, el alcalde y Silván el notario
El consejero demostró que cabe en la imagen de este Palacio de Congresos
Antonio Silván, consejero de Fomento de la Junta de Castilla y León, firmará el convenio que le toca el 7 de diciembre. Pero ayer protagonizó sin sacar el bolígrafo. Pasó por Madrid para no perderse un detalle de cómo fue la operación en lo que respecta a Gobierno central y Ayuntamiento de León. Es decir, que iba al ministerio a ver firmar y no a eso de decir: «Firma tú que a mi me da la risa». Él firmará, pero el 7. Y, hay que decirlo, había buen humor, al llegar, en el acto mudo de las firmas, y a la salida en el hall del Ministerio de Industria. Allí, juntos: el alcalde Francisco Fernández; el vicealcalde Javier Chamorro y el consejero de Fomento, Antonio Silván. Entraron y salieron por la puerta grande, la de autoridades, en sus coches respectivos, y si por las calles de Madrid no se les vio, se materializaron, en cambio, sin ministro y para la prensa, en el hall del ministerio. El político leonés en la Junta actuó de notario, por ponerle un nombre poco riguroso, en un acto en el que predominó el compromiso, como dicen los políticos, y el buen rollo, que diría cualquiera. Silván, entonces, como notario ocasional, pero aún más a lo Ibrahimovic, se movió por el área de Industria anticipándose a los contrarios y remató todas las fotos. Por alto, por bajo, sentados otros, él de pie, lo que fuera, Silván fue grande. Aún así demostró que cabe en la imagen de este soñado Palacio de Congresos de León. La parte de la firma, que fue relativamente rápida para cualquier firma, y rapidísima para lo que suele ser cualquier asunto ministerial, se desarrolló como lo cuentan las fotografías. En paz y concordia y con buen talante, que para eso estaban en sede gubernamental. El alcalde Fernández miraba a Silván y parecía que le pedía el visto bueno. Silván miraba y parecía que leía, no fuera a ser que se firmara otra cosa, como si la Junta pensara: «A ver estos de León….». Y eso que el ministro Miguel Sebastián echaba un vistazo al documento y comentaba algo así como: «Pues para León no son muchos puntos de compromiso. Son solo cinco». Y el alcalde lanzaba un revés cortado de los suyos: «Y menos que tenían que ser». Ayer era un día de esos en los que la primera piedra es un papel escrito. Y el primer logro es firmarlo. Pero los periodistas, una vez firmado, empiezan a preguntar eso de cómo, cuándo y demás ocurrencias y los plazos y otras latas que el tiempo dirá. En definitiva, y un poco lunáticos: una rúbrica para el alcalde, una gran mole de progreso para la ciudad de León. Será.