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Y Dios en Algeciras

Paco de Lucía, durante una actuación en el festival de Montreux
Tras cinco años de silencio y otros tantos de retiro en su casa de Playa del Carmen, en la selva de la península del Yucatán (México), Paco de Lucía regresa con un nuevo disco bajo el brazo. El parto de Cositas buenas no ha sido sencillo. El guitarrista acababa de superar la muerte de su madre, la portuguesa Luzia Gómez, a quien dedicó su anterior trabajo, marcado por el dolor de la pérdida; con él echaba la persiana a una década que le había hurtado a su padre y a Camarón, sus grandes referentes. Ahora firma un trabajo colorista, que habla de un intérprete que recuperó el equilibrio tras sus dos difíciles -y todavía recientes- decisiones de trascendencia vita. Primero, la ruptura con su mujer Casilda Varela, con la que tiene tres hijos y 30 años de existencia en común, para emprender la singladura con su nueva compañera, la mexicana Gabriela Canseco. Segundo, el punto final al grupo en el que se ha apoyado en los últimos veinte años, su tan bien engrasado sexteto, con el que tantos triunfos cosechó, especialmente en Estados Unidos. La convicción de que estaban viviendo de rentas le llevó a adoptar esta drástica postura y, sin transición, montar otro. El tímido músico algecireño parece haber hallado en Cositas buenas el enésimo espacio de creación propio, inexplorado, alejado del virtuosismo brioso de antaño y más pegado a la expresión cálida, madura, en la que el corarzón tiene más que decir que la técnica. Se siente suelto y se atreve con el laúd, la mandolina, el bouzouki, las palmas, los coros y hasta el cante. COSITAS BUENAS. Paco de Lucía. Flamenco. Universal Music/Verve. Precio: 18 euros. Calificación: