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Espléndidas madureces

Las actrices de esta película llevan a cabo un espléndido trabajo coral
En una sociedad donde la principal preocupación de muchas chicas de instituto consiste en presumir de culo, la belleza madura no cotiza al alza. A cierta edad las mujeres se vuelven transparentes, absurdamente invisibles, salvo para Ralph Fiennes, que sólo sale con féminas que le llevan veinte años por lo menos. Una gran injusticia y una estupidez, porque como demuestra esta película, se puede estar estupenda más allá de los 50 sin recurrir a la cirugía; basta con proponérselo y pasar por encima de algunos prejuicios y mojigaterías: el impulso de la seducción siempre acecha, sólo hay que avivarlo. El punto de partida de esta historia es real. Tras la muerte por leucemia del marido de una de ellas, doce simpáticas amigas de un coqueto pueblo inglés deciden romper con la rutina de sus vidas y ponerse a recaudar fondos para luchar contra el cáncer. No se les ocurre nada más efectivo que posar desnudas (o casi) en un calendario. La idea, aunque en principio es buena y propicia momentos de blanca comicidad, no da para mucho; se estira hasta el límite, desperdiciando la oportunidad de seguir algunas de las tramas secundarias, simplemente esbozadas, como la de la relación entre la protagonista y su hijo, que parecen cerrarse en falso. Si el aburrimiento no acaba por hacer trizas el ingenioso armazón y su discreta puesta en imágenes es sobre todo gracias al inmenso trabajo coral de ese soberbio grupo de solidarias damas lideradas por la eternamente fascinante Helen Mirren. Con el cine británico ya se sabe: todo puede fallar, menos sus actores. LAS CHICAS DEL CALENDARIO: Dir: Nigel Cole. Int: Helen Mirren, Julie Walters, Linda Basset. 108 minutos.