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Un carcamal simpático

Los actores Jack Nicholson y Diane Keaton son lo mejor de la película
No es la primera vez que, buscando inspiración, la directora y guionista Nancy Meyers acude a la comedia clásica de los cincuenta. Si con El padre de la novia invocaba a Minnelli, ahora Howard Hawks y su guerra de sexos son la base de Cuando menos te lo esperas. Los clásicos suelen venirles grandes a casi todos los insensatos que los revisitan y el título que nos ocupa no es una excepción, pero hay que reconocer que el arranque prometía mucho. No sabemos qué extraña maldición hace que en los últimos años las películas ofrezcan una buena primera mitad para desfondarse estrepitosamente al final. Si la memoria no nos traiciona, antes era justamente al revés. Seguro que la culpa la tiene la televisión. Ofrece una óptima primera parte gracias al talento bufo e histriónico de Jack Nicholson, ese al que odian sus detractores y alaban los exégetas. Los mejores 30 minutos son de él, bien metido en el papel de Don Juan sesentón con corazón envejecido, solterón aficionado a las jovencitas. Hollywood está aburrido de nominarlo para el Oscar, solo así se entiende que no lo hayan propuesto otro año más por este simpático carcamal. Quien sí estará entre las cinco sufridoras de la ceremonia de este año es Diane Keaton, bordando a la autora teatral, permanentemente a la defensiva, con su habitual estilo desgarbado. La química entre los dos actores va, como muchos saben, más allá del arte. Sólo por la secuencia de cama que acaba en un prodigioso llanto merece la pena aguantar el metraje excesivo. CUANDO MENOS TE LO ESPERAS. EE.UU. Directora: Nancy Meyers. Intérpretes: Jack Nicholson, Diane Keaton, Amanda Peet. 123 minutos.