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¿Qué decía Barry White?

Al final de la película no se sabe qué era lo que decía Barry White
Cédric Klapisch es autor de media docena de simpáticas y pequeñas películas, entre las que sobresale Una casa de locos , divertida comedia sobre la joven Europa, babélica en culturas, lenguas y becas erasmus. Desgraciadamente Ni a favor ni en contra resulta indecisa, como su propio título. El espíritu titubeante del que hace gala no le sirve a la historia pasional de chica arrastrada al crimen por la atracción de un delincuente. Además, la pareja Gillain-Elbaz carece de química y las referencias a El demonio de las armas llevan al cinéfilo hasta el sonrojo. El problema capital de esta serie negra es que el personaje de nuestra heroína no está bien definido, con el lastre de un guión y una realización realmente impersonales. Debemos adivinar, con mucho esfuerzo, el mecanismo de los sentimientos de la reportera que cambió de arma y de munición, la cámara por la pistola, la cinta por las balas. Porque ella es la protagonista, a pesar del tramposo arranque en el que Vincent Elbaz cuenta en off algunas cosas de su pasado delictivo. La tesis sobre la chica manipulada en un violento mundo de hombres, que tiene su colofón cuando Marie Gillain debe disfrazarse de prostituta y queda encerrada en la jaula de cristal de la cámara acorazada, queda diluida en el marasmo de caprichos que pueblan una historia increíble. Y, a pesar de la indudable capacidad hipnótica de la mirada de Marie Gillain, lanzada, por enésima vez, al final de la película, en busca del objetivo, solicitando la complicidad del espectador, esta es una película que olvidaremos con facilidad. Además, nos quedamos sin saber qué decía Barry White, después de que los atracadores jugaran, repetidamente, con tal cuestión. Ni a favor ni en contra. Francia, 2002. Director: Cédrick Klapisch. Intérpretes: Marie Gillain, Vincent Elbaz, Zinedine Soualem. Duración: 115 minutos.