| Crítica | Cine |
Desgarbada pero divertida

Los protagonistas de la película durante la presentación de la cinta
Inconscientes es ante todo divertida y proporciona una nítida sensación de comodidad al espectador. Dicho así puede sonar a poco entusiasmo, pero es, más bien, sorpresa benéfica, que responde a una transparencia insólita en el cine español. Más que el Howard Hawks de La fiera de mi niña , como ha sugerido el propio director de Inconscientes, es el Woody Allen de la película Misterioso asesinato en Manhattan o de El escorpión de Jade el que acecha en cada esquina, no porque estemos hablando de una comedia de amor, psicoanálisis e investigaciones detectivescas, sino porque en la película impera ese tono anárquico de lo- supuestamente- no acabado. En Inconscientes hay una desgarbada falta de ritmo que las cortinillas a lo cine mudo o primer sonoro aún desnudan más; pero eso le da un particular encanto, simplificando la mecánica del cine. Es cierto que tal falta de pretensiones propiamente cinematográficas impide que la película sea sobresaliente; pero también es verdad que con más ambiciones seguramente perdería su tono novecentista que le sienta bien a la historia ambientada en la Barcelona, perversamente naíf, de los años diez. Todo parece fácil, incluso en el trabajo de los actores. La química entre Luís Tosar y Leonor Watling salta a la vista, enzarzados en su falsa guerra de sexos. Los dos hacen una lectura muy innovadora con sus personajes de vodevil, plenos de alegrías sin corsés. INCONSCIENTES. España, 2004. Director: Joaquín Oristrell. Intérpretes: Luís Tosar, Leonor Watling, Mercedes Sampietro. Drama. Duración: 107 minutos.