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Un año decididamente rosa

Los amores de Fran Rivera y Eugenia Martínez de Irujo protagonizaron «Salsa rosa»
El fin de semana hubo dos grandes resúmenes del año: en TVE-1, el de Informe Semanal, con especial hincapié en materias políticas y sociales; en Telecinco, el de Salsa rosa, centrado en la información «cardiaca». El resumen de Salsa rosa' fue especialmente interesante porque uno de los rasgos centrales del año televisivo ha sido el desbordamiento de la crónica rosa, que no sólo ha llenado la pantalla de modo desproporcionado, sino que además, con frecuencia, ha girado de color hacia el negro, el amarillo y el verde, cuando no hacia el morado, que es color de dolencia hepática. El exceso ha sido tan visible, en particular el pasado verano, que ha hastiado a muchos espectadores. Y esos excesos quedaron de manifiesto, no sé si voluntariamente, en el especial del semanario de Telecinco. Salsa rosa no es, en líneas generales, un mal producto, al contrario. Flojea en las concesiones que su segundo tramo hace al escándalo de patio y al baratillo del cotilleo, pero ese segundo tramo se emite a una hora que, por tardía, admite indulgencia, mientras que su primer tramo mantiene, normalmente, un tono bastante aceptable para lo que es el género del «telecorazón». Pero precisamente por eso llamó tanto la atención que la mayor parte de los argumentos rescatados como «resumen del año» fueran tan acres y hasta siniestros, desde los follones de cama de Francisco Rivera y la muerte de Carmina Ordóñez hasta el turbio «caso Eva Nasarre». Cierto que entre todo ese hervor de maledicencias nos vino también la crónica de Felipe y Letizia, pero, en semejante contexto, no puede decirse que Salsa rosa hiciera un favor a la Casa del Rey.