Los buenos y los malos

George Clooney arriesgó su dinero en esta producción
Tony Gilroy, responsable de los inteligentes guiones de las entregas del Caso Bourne , se ha pasado a la dirección con este entretenido thriller, al servicio de un George Clooney dispuesto a arriesgar su propio dinero en la producción, siempre que sea por una buena causa. Aquí se trata de denunciar, una vez más, las malas artes de las grandes corporaciones, que se sirven de la complicidad de un ejército de abogados corruptos para intentar salir indemnes de sus turbios negocios, capaces de proporcionarles millones de dólares aunque por el camino se pueda ir dejando un reguero de cadáveres de ciudadanos pobres, sin nadie que les asista. En la superficie, este filme recuerda a aquel otro, estupendo, de Sydney Lumet, Veredicto final , en el que Paul Newman ofrecía un recital, algo más profundo, que el que ahora regala Clooney, buen actor, sí, que ha puesto de moda el «desaliño-chic»: cualquiera deja de afeitarse un par de días y parece un pordiosero; menos él, capaz de seducir lo mismo aunque interpretara a Quasimodo. La película tiene evidente interés y, pese a ofrecer en ocasiones más información de la que el espectador puede asimilar, su ritmo nunca decae, permitiéndose incluso algún remanso lírico, como la bella secuencia de los caballos. Los actores, además, están soberbios, con un creíble Tom Wilkinson y un Sydney Pollack que borda los cínicos. Pero hay algo que chirría en el engranaje, la simplificación excesivamente maniqueísta de su mensaje, que convierte en malos sin matices a los tiburones financieros y sus lacayos y en buenos de solemnidad a ese par de abogados que vivían en estado de amnesia hasta que un día, como por arte de magia, caen en la cuenta de que siempre han estado en el lado equivocado y deciden redimirse. La vida, salvo para el cine norteamericano actual, suele ser bastante más compleja. Michael Clayton : Drama-Thriller. 2007. USA. Director: Tony Gilroy. Intérpretes: George Clooney, Tom Wilkinson.