Diario de León

Parecen pasteles de Belém portugueses, pero son mejores: el dulce típico de León que oculta una historia centenaria

Este dulce artesanal, elaborado desde hace más de cien años, es un secreto bien guardado en la pastelería leonesa, con una receta única que desafía al clásico pastel de nata portugués

Merlitones de León, el dulce centenario con hojaldre de mantequilla y crema artesana que ha vuelto a conquistar paladares gracias a Nazaré Hojaldrería.

Merlitones de León, el dulce centenario con hojaldre de mantequilla y crema artesana que ha vuelto a conquistar paladares gracias a Nazaré Hojaldrería.@leonsecome

Patricia de la Torre
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León guarda una joya en su tradición repostera que pocos conocen fuera de Castilla y León. Aunque a simple vista se podría confundir con el afamado pastel de Belém de Lisboa, el merlitón leonés es un dulce completamente distinto, con una historia que comienza a principios del siglo XX y una textura que convierte cada bocado en una revelación. Su leyenda vive, sobre todo, en la memoria de los más veteranos del barrio y en las vitrinas de una única pastelería que ha mantenido viva la receta original.

Merlitones de León: una receta con linaje pastelero

La receta nace en la mítica confitería 'La Coyantina', de la mano del maestro pastelero Santiago Pérez García, nombre clave en la historia gastronómica de la ciudad. Su legado permanece hoy en Nazaré Hojaldrería, un espacio donde el merlitón no solo se respeta como tradición, sino que se eleva como icono local.

La elaboración parte de una base de hojaldre de mantequilla hecho a mano con la técnica precisa que da ese crujiente inconfundible y se rellena con una crema casera, delicada y profunda, que se funde al primer contacto con el paladar. Una capa superior de azúcar caramelizado lo remata todo, como si fuera la firma final de un pastel con alma.

En palabras de Javier Losada, fundador de Nazaré Hojaldrería, "mucha gente lo confunde con un pastel portugués, pero es una receta muy antigua de más de 100 años que hemos recuperado relleno con crema pastelera artesana."

El dulzor equilibrado, el contraste de texturas y esa sensación de que estás degustando algo como se hacía antes son el gancho que fideliza a quien lo prueba. No es casualidad que los comentarios en redes sociales hablen de adicción y fascinación.

El secreto del merlitón no está solo en su sabor, sino en su tiempo limitado de frescura (apenas tres días desde que sale del horno) y en la imposibilidad de industrializarlo sin perder su esencia. Esto obliga a disfrutarlo casi como un ritual: recién hecho, con café corto y sin prisa.

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