Diario de León

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Quizá sea admisible la crítica ya que la respuesta a la crisis del coronavirus ha sido tardía en España. A Italia la sorpresa la forzó a actuar sin un conocimiento previo más allá de las noticias no siempre claras que llegaban desde China. Pero siguiendo la expansión en el país transalpino era previsible que España siguiese más o menos sus pasos y, por lo tanto, era cuestión de tiempo el tener que plantar cara al coronavirus con unas medidas que tuviesen la máxima eficacia para intentar frenarlo. Ahora resulta estéril mirar atrás pero sí es necesario que cuando se analice lo ocurrido se investiguen las verdaderas razones por las que se evitó la aprobación con más diligencias de esas fórmulas de contención que en las últimas jornadas se están activando.

Desde ya todo queda de algún modo en manos de los ciudadanos. Nadie puede ignorar a estas alturas los incontables llamamientos a la contención de la pandemia, evitando en todo posible la proliferación de los contagios. Lamentablemente no hay nada más que se pueda hacer de momento.

El estado de emergencia decretado por el Gobierno es una necesidad nacional compartida por todos. Lo prueba el hecho de que pocos minutos antes de que lo pusiese en marcha el Consejo de Ministros (PSOE-Podemos), el Consejo de Gobierno de la Junta (PP-Ciudadanos) había remitido una solicitud reclamando esa medida. Y a la vez incluso los independentistas catalanes y el nacionalismo vasco del PNV también lo ponían en marcha en sus territorios, exhibiendo una vez más que el estado autonómico genera disfunciones facilitando a unos territorios la puesta en marcha de acciones —de verdadera emergencia como éstas— mientras otros deben aguardar al Gobierno central para poder actuar.

De esta aventura en la que de algún modo nos hemos visto sumidos tenemos que aprender para el futuro. La globalización tiene unas consecuencias para las que debemos estar preparados. Sin duda la coordinación a nivel mundial tiene que mejorar en asuntos básicos como el de la salud. Alcanzar gobiernos homogéneos democráticamente en todo el planeta facilitará las cosas. En juego hay demasiado. Si la respuesta cuando pase el momento más duro del coronavirus no es adecuada las secuelas y cicatrices pueden prolongarse. Lo ocurrido hace poco más de una década debe servir de ejemplo de esa necesidad de coordinación y actuación sin titubeos. La tentación de elevar más muros y apostar por el localismo egoísta a la larga nos perjudicará a todos.

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